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El hombre del sur que bajó la luz by Francisco Lara Sánchez is licensed under a Creative Commons Attribution-NoDerivs 3.0 Unported License.

12 noviembre 2012

Al mecer del cierzo

La angosta escalera,
eterna, impávida y esquiva y dilatados pensamientos,
juega entre el bosque de serios y altos pinos.

La angosta escalera,
lenta, concienzuda, pilar de otra época,
azahar de valle, de pensamiento almohada.

La angosta escalera,
esa que sube hacia las almenaras.
Impávida, impasible al mecer del cierzo.

A mis nietos

Pregunta, niño,
pregunta.
Pregunta que aún hay tiempo

Pregunta,
pregunta el por qué del río,
del viajar del viento.

Pregunta.
No conoce, aún no sabe.
Recorre desde la puerta hasta el algarve.
Salta y juega entre el arbusto y el abeto.

Pregunta, niño,
pregunta.
Pregunta que aún tienes tiempo.

11 noviembre 2012

La llamaron "sofisticada"

Casi la llamaron sofisticada.
La clásica priora.
Sacudida de carnes, de manos airada.
Un silbido con forma de señora.

Lánguida, en púrpura chaqueta arrebujada,
un esqueleto bailando en carnes que aflora
en terso, nervioso, ¡Pálido semblante de lápida!
que colorido jovial fue otrora.

Despachaba el camarero
-ocioso, raudo,
un aspaviento arremolinado,
sin dejar al último por el primero-
en aquella terraza a medio techar
donde se conocían damas y caballeros.

Y yo, como no era de unas y en el otro iba sobrar,
casi preferí arrebatar mi bufanda al perchero
y sofisticadamente dejar -allí, como todos- mi café sin pagar
e intentar correr más que el buen tendero.

Siete y, alguno, más.

Decía esta mañana el periódico que
existen siete pecados capitales.
Hacia el cristal me giré para ver
si aún había alguno que me faltase.

10 noviembre 2012

Café de noche

Concurrida la noche,
frío sarmiento afuera.
Al calor de las luces
que iluminan apenas.

Entre cháchara y risas
pasa sin darme cuenta
dulce aroma caliente
en una taza espesa.

Tan vieja, tan amiga,
tan presente en los temas.
En idas y venidas,
en tardes de Mairena.

Conforta siempre al viejo,
perderse en ella busca.
Nunca tolera al joven
que aprisa siempre apura.

Concurrida la noche,
helada ventolera.
Escuchando en las luces
morir a la trompeta.

09 noviembre 2012

Tarde de otoño

El viento mece el espeso rizado,
maraña enjuta bajo un gris sombrero,
mientras, las hojas y el agua bailando,
regresa el lento, apagado recuerdo.

Incorporóse del frío reposo
la alargada y paulatina figura.
Botines ajados, mirar vidrioso,
de edad temprana y anciana escritura.

Enfundó las manos en el abrigo,
casaca oscura, protege del viento.
Busca refugio, no ahora del frío,
sino del raudo pasar de su tiempo.

Ha visto a hijos, amigos y hermanos
todos venir y marchar con lo puesto.
Ahora encamina de nuevo el paso
a la orilla del río sempiterno.

27 mayo 2012

No nos queda nada.

Tengo
muy poco tiempo
y aún así
se produce el silencio
y aún así...

Haces
que sea fácil
y con miradas asesinas
esquivas el dolor
de una conversación.

Pero damos la espalda
y en la misma habitación
nos separa un abismo.
Sin dar la cara
espacio hasta el camino
y camino muy despacio,
por si miras hacia atrás
Y no nos queda nada...

Mientras
las voces tiemblan
y ninguno de los dos
pensamos en parar.

Puede,
tan solo puede,
que al menos esta vez
consigas entenderlo.

Espalda contra espalda
y en la misma situación
nos habla el olvido.
Sin dar la cara,
parados sin pensar
pararnos en pensar
que somos dos extraños.
Y no nos queda nada...

Y no nos queda nada.
Y nadie dice nada.
Y no nos queda nada
y nada ahora entre los dos.

25 mayo 2012

Mañana me marcho...

Dame siete estrellas, dame tardes de canela
no me des venidero, dame un "dentro de poco".
No me digas misa ni me hables de hipoteca
ni a las repisas te subas a buscar el rastrojo
de los años que me quedan.

Que me marcho mañana y hoy estoy de paso
Que mañana me marcho y me pierdo de tu vera,
de la cuenta del naufragio en mi canción venidera,
un alma de corsario en tu nariz veinteañera.

Mi futuro es el convento de las mentiras del pasado
de las vidas, de los muertos, de las idas y venidas,
de los árboles ya secos de los campos colegiados,
a las puertas del verano donde pierdo yo la brisa
y me siento en el tejado a romperme la camisa.

Que me marcho mañana y no es temprano,
Que mañana me marcho y no te olvido
del camino que me lleva por la calle mal venida
de la puerta del ahogado a las rosas con espinas.

Si te digo que me marcho no es por culpa del camino
no es el "hoy" ni es el "yo" ni es el "no dijiste" ni el "te digo",
es curarme las heridas y cerrar las cicatrices
para abrirme otras nuevas y dejarte que me grites
por marcharme sin dejarte que pudieras despedirte.

21 mayo 2012

Quitarte todo de golpe.

Siempre tuve la insana, envenenada
esperanza de cruzarnos cada día,
donde cuelgan los carteles sin balcones,
el mendigo vende una balada
de las farolas que silban a los peatones.


Hay tantas cosas que te dedicaría
tantos libros, tantas fotos y postales
y de golpe te lo quitaría.
Todo te lo quitaría de golpe.


Pero esta tarde estuve caminando
y buscaba detrás de cada esquina,
la vida que hace tiempo me robaron,
las veces que esperé en tu portería,
a dejarte flores con recargo.

Hay tantas cosas que sé que te diría
tantas noches de sentarme a mirarte
y de golpe siempre me lo quitas.
Siempre me lo quitas de golpe.

Ahora ya termina el día
y regreso a mi refugio,
de canciones encendidas,
con la vela del diluvio,
a ver tus fotografías.

26 abril 2012

Y aún así...

No miento si te digo que no eres la primera.
Que no me muero por tus manos,
no me muero por tus labios
ni pierdo la vida entre tus piernas.

Y aún así espero cada día
y resulta que me importa
ver si aparezco entre tus cartas,
si rompes alguna de mis copas,
si te hago alguna herida.

Si con menos, más veces me voy dando
y si vuelvo lo hago andando,
sin ti pero contigo.
Donde el neón me guía en tu avenida
si no me lleva antes la corriente,
como el mendigo en casa del ahorcado,
con el que me siento a verte,
a esperar oír la orquesta inerte,
del barrio del pecado.

Con las promesas también he comido,
con besos me he dormido teniendo mas experiencia,
tus armas y tus artes no son una ciencia,
pero al final esquivas el olvido.

Y aún así espero cada día,
sentado en la posada del fracaso,
donde escribo la mitad de mis canciones,
a ver si su puerta cae de paso,
del paso de tu cofradía.

Si con menos, más veces me voy dando
y si vuelvo lo hago andando,
sin ti pero contigo.
Donde el neón me guía en tu avenida,
si no me lleva antes la corriente,
como el mendigo en casa del ahorcado,
con el que me siento a verte
a esperar oír la orquesta inerte
del barrio del pecado.

Y aún así espero cada día
y resulta que me importa
ver si aparezco entre tus cartas,
si rompes alguna de mis copas,
si te hago alguna herida.

21 abril 2012

22 de septiembre.

Hola, Victoria.


Hoy estuve mirando tus fotos, ésas que te hacías todo el rato. Qué guapa salías en todas y qué poco te lo dije. Aunque no hubiera marcado diferencia alguna si lo hubiera hecho ya que, por entonces, no nos conocíamos tanto. Pero, ¿Acaso nos terminamos conociendo alguna vez? Siempre que pienso en esa pregunta hace que recuerde la primera vez que te conocí. ¡Hazte una foto!- me dijiste. Y lo hice. Pero de haber sabido lo que venía tiempo después, habría intentado mantener esa conversación durante diez minutos más.


No te lo he dicho, pero hoy se celebró una feria del libro en el pueblo. Encontré una edición bastante antigua de El Pirata, de Lord Byron y la dependienta me dijo que la habían traído por error y que no estaba en venta. ¿Recuerdas la primera vez que quisimos vernos? Yo con mi trabajo, tú siguiendo con tu vida. En realidad era yo el que quería que nos viéramos pero las cosas no son siempre como queremos ni planeamos. Hoy, catorce años después, aún me pregunto si hice mal en quedarme y no hacerte una visita. Puede que el café fuese peor entonces, pero la circunstancia no habría sido más propicia.


¿Qué tal está tu marido? ¿Qué tal tu hijo? Yo también me casé hace tiempo. Ya ves, uno que nunca pensaba que eso fuese para él y mírame, hablando de ello como si fuera una tendera de mercadillo. Lo cierto es que no has perdido nada, ni un poco. No te has permitido el lujo de mal envejecer aunque fuese por humildad o por compasión de los que sí hemos sido víctimas de los años. Eso hace que verte en estas fotos me resulte tan difícil. ¿Sigues teniendo aquella cámara, por cierto? Qué raro me resulta hablar de cámaras como algo obsoleto, cuando todos hemos tenido cámaras de bolsillo desde el 99. Hay cosas que es mejor que no cambien.


Hace poco pasé por el edificio donde solías vivir, cerca del colegio. Qué deteriorado lo han dejado. Claro, que es de lo poco reconocible que queda en ese barrio. Si supieses las veces que pensé en sentarme frente a tu portal a esperar hasta que te diera por salir o hacer como que tenía que ir a algún sitio y caminar acera arriba y abajo hasta cruzarme contigo o darte un mal codazo y que eso desencadenase en alguna conversación. Al menos que me diese motivo suficiente para decirte "hey, me pillas con prisa, pero me gustaría tomar un café contigo algún día". Tampoco sé si hubieses salido corriendo pensando que soy un enfermo o si directamente hubieras dicho que no sabías quién era. Creo que temía más lo segundo que lo primero. La osadía y el atrevimiento de la edad, que nos hace pensar locuras. Siempre imaginé que volvía a la ciudad, como en las canciones de Joaquín, y que te dabas cuenta de que era alguien interesante, paseábamos por los parques y te hacía muchas fotografías. Rodeábamos las fuentes de los parques, como en los videoclips de música. Tomábamos café en una librería, librería que nunca hubo, la verdad. Pero bueno, ese tiempo ya pasó.


Siento tener que despedirme ya, pero creo que debo volver a mis quehaceres. Ha sido agradable volver a tener diecisiete años por un momento y ojalá lo hubiese intentado con más fuerza. No tienes que responder a la carta, de verdad. Simplemente quería que supieses que sigo mirando algunas Polaroid cuando encuentro el momento y en todas vuelvo a tener diecisiete. Cuídate mucho.


Richard.

19 abril 2012

Si me quedo a las puertas

Cuando quise marcharme lo hice sin pensar demasiado.
Sin mirar arriba, sin buscarlo cerca, sin temer el derroche.
Confundiendo amistades con males de noche,
despertando en clases de amor mal pagado.

Miraba morir las horas en las olas de arena herida,
borrando las huellas de la soberbia del desamparo,
mientras ibas creciendo con la inocencia
yo aprendí a dormir en los cines de tu barrio .

Y me fui tan pronto y tan deprisa, 
tan deprisa llegué tan lejos.
Cuando quise romper tus espejos
me quedé a mi entierro y a tu misa.

Robé alguna mala tarde, hice trampas en mesas de bar,
Las costillas, la mañana, la casa abandonada.
Probé de todo para no traerme nada.
Lo que aprendí de la noche lo tuve que inventar.


Y me fui tan pronto y tan deprisa, 
tan deprisa llegué tan lejos.
Visto tan joven sintiéndome tan ciego,
que ahora me pesan mis siete vidas.

Ahora que te miro, sé que ya no te acuerdas.
Que no esperas mis alas, que sueno a retahíla,
Canciones con letras que visten ya viejas
Me siento a la orilla del mar.

Si todavía me acuerdo, me busco en las cantinas
de haberte adivinado habría perdido la maleta,
sabiendo que me quedo a las puertas,
Sabiendo que nunca regresaría.

Aquella vez que naufragué cada diez minutos.

Dudar es de cobardes.

Pero yo no dudo porque quiero creer que esta vez pasará antes de tomar una decisión que me haga volver a la mariposa. Quieres que sea sincero; me dices que la verdad duele y quieres oírla pero al oírla vas a odiarme simplemente porque no la compartes. Hacer lo correcto, como ves,  no siempre es lo mejor ni lo más sencillo y no sé si lo que debo hacer ahora es lo correcto o simplemente un impulso del calor sobre la razón.

Y ahora me debato entre el "y", el "pero," el "no puedo", el "no quiero", el "no quiero querer", el "no quiero poder" y el "no puedo querer". Porque poder sí que puedo aunque no deba y no debo tanto como puede parecer ya que si me marcho va a ser con lo puesto y nada en los bolsillos.

Allá donde se me quiera será donde no se me busque.

Cómo te digo, Victoriosa, cómo hago yo...
Para que comprendas, para que veas...
Que tengas claro, que sepas...
¿Pero cómo vas a saberlo si no quieres saber nada de quien te escribe?

Ahí donde me ves es donde no quiero estar.

Me quedan pocas metáforas, pocas frases, pocas ganas y tú pareces tener todo lo que nunca tuve. Cuentas con la ventaja de la vida, de la época, del año, del sitio. Conoces, sabes, piensas ergo sientes y pretendes que permanezca impasible aunque sea lo único que pueda hacer, ya que para ti no soy más que un extraño que dice cosas que no comprendes y habla de temas que no entiendes.

Ya te dije que la vida sí era justo. Somos nosotros los que nos planteamos las situaciones injustas.

Cuando te des cuenta ya será tarde y yo habré engendrado en la duda, tendré una hipoteca amarga de seda y las tostadas hipócritas con zumo de naranja y café de esas películas que aborrezco. Es irónico que mi corona de laurel se deba a la gran derrota no librada de tu incertidumbre.

No, no soy un loco y no digo disparates. Solo estoy cansado.

No te dejaré grandes canciones porque soy un inconstante y no habrá grandes versos porque nunca fui un poeta. Ese es mi legado: un mar de dudas en medio de una gran nada y, en el centro, estoy yo: mirándote a ver si amaneces cada diez minutos de mi día de seis horas.

Ahora deja que repare en sueños, deja que me pierda un instante.

10 marzo 2012

Undefined Ofendo

No lo sé, no lo sé.
Te quedaste y no sabría decir por qué.

Sigues teniendo catorce, dieciséis, quince, veinte, diecisiete, diecinueve, dieciocho...
Sigo mirándote cuando piensas que escribes para ti sola,
cuando cantas en la cocina, cuando te fotografías en el parque,
cuando dices que el amor se acaba y que ya nadie lucha por nadie.

La sensación constante de Déjà Vu es aterradora y eso hace que me frene más y más.
Pero llegados a este punto creo que no tengo más opción que seguir caminando por el borde del desfiladero. Saltar al vacío no es una opción viable ahora, cuando hubiera saltado sin pensar años atrás.

No quiero ver señales, no quiero ver códigos, no quiero guiños. Ya he pasado por eso y te aseguro que no da más que lugar a equívocos, confusiones y a relaciones despedazadas por las inseguridades y el orgullo. Y no me resulta fácil admitir esto. Aunque no sepas la razón ni el por qué, eres mi enemiga desde antes de que te conociese. No es culpa tuya y no podrías haberlo cambiado. Al menos no esa parte.

Suena un tambor, retumba en el umbral,
viene hacia ti, te atrae como un imán.
Pero no hay ecuación ni fórmula genial
que te ayude a comprender lo que asoma detrás.

Además, tú ya tienes eso que llamas vida y yo esto que llamo vida. No te lo puedo decir claramente, no puedo escribirte una dedicatoria y no puedo hacer una referencia. No quiero simbolismos, no quiero barroquismo de los catorce ni el veneno del después. No puedo permitirme pasar por ahí otra vez. Quiero que te marches y me olvides ya que tú sí puedes hacerlo. Tu vida no pesa y no te mueres si pierdes la memoria. Esas cosas son para mayores con mayores preocupaciones y peores noches de insomnio.

Quédate bailando sola, no te mueras por amor, espera al último baile de la última canción y espera a beber los rayos del Sol de la mañana. Fue hace poco y parece que han pasado diez años, con tu camiseta de estrellas que nunca has escuchado y con ese peinado a lo rock star de mejores años. Pero qué hermosos éramos todos...


Ahora vuelve el huracán de planes trazados e ideas sin marcar.
Cae sobre mí la bomba universal.
No hay colisión ni ley ni gravedad que te pueda hacer caer aunque tiren a dar.


Mi manera de comprometerme será darme a la fuga...