No miento si te digo que no eres la primera.
Que no me muero por tus manos,
no me muero por tus labios
ni pierdo la vida entre tus piernas.
Y aún así espero cada día
y resulta que me importa
ver si aparezco entre tus cartas,
si rompes alguna de mis copas,
si te hago alguna herida.
Si con menos, más veces me voy dando
y si vuelvo lo hago andando,
sin ti pero contigo.
Donde el neón me guía en tu avenida
si no me lleva antes la corriente,
como el mendigo en casa del ahorcado,
con el que me siento a verte,
a esperar oír la orquesta inerte,
del barrio del pecado.
Con las promesas también he comido,
con besos me he dormido teniendo mas experiencia,
tus armas y tus artes no son una ciencia,
pero al final esquivas el olvido.
Y aún así espero cada día,
sentado en la posada del fracaso,
donde escribo la mitad de mis canciones,
a ver si su puerta cae de paso,
del paso de tu cofradía.
Si con menos, más veces me voy dando
y si vuelvo lo hago andando,
sin ti pero contigo.
Donde el neón me guía en tu avenida,
si no me lleva antes la corriente,
como el mendigo en casa del ahorcado,
con el que me siento a verte
a esperar oír la orquesta inerte
del barrio del pecado.
Y aún así espero cada día
y resulta que me importa
ver si aparezco entre tus cartas,
si rompes alguna de mis copas,
si te hago alguna herida.
El hombre del sur que bajó la luz
Y jugó su suerte a cara o cruz

El hombre del sur que bajó la luz by Francisco Lara Sánchez is licensed under a Creative Commons Attribution-NoDerivs 3.0 Unported License.
26 abril 2012
21 abril 2012
22 de septiembre.
Hola, Victoria.
Hoy estuve mirando tus fotos, ésas que te hacías todo el rato. Qué guapa salías en todas y qué poco te lo dije. Aunque no hubiera marcado diferencia alguna si lo hubiera hecho ya que, por entonces, no nos conocíamos tanto. Pero, ¿Acaso nos terminamos conociendo alguna vez? Siempre que pienso en esa pregunta hace que recuerde la primera vez que te conocí. ¡Hazte una foto!- me dijiste. Y lo hice. Pero de haber sabido lo que venía tiempo después, habría intentado mantener esa conversación durante diez minutos más.
No te lo he dicho, pero hoy se celebró una feria del libro en el pueblo. Encontré una edición bastante antigua de El Pirata, de Lord Byron y la dependienta me dijo que la habían traído por error y que no estaba en venta. ¿Recuerdas la primera vez que quisimos vernos? Yo con mi trabajo, tú siguiendo con tu vida. En realidad era yo el que quería que nos viéramos pero las cosas no son siempre como queremos ni planeamos. Hoy, catorce años después, aún me pregunto si hice mal en quedarme y no hacerte una visita. Puede que el café fuese peor entonces, pero la circunstancia no habría sido más propicia.
¿Qué tal está tu marido? ¿Qué tal tu hijo? Yo también me casé hace tiempo. Ya ves, uno que nunca pensaba que eso fuese para él y mírame, hablando de ello como si fuera una tendera de mercadillo. Lo cierto es que no has perdido nada, ni un poco. No te has permitido el lujo de mal envejecer aunque fuese por humildad o por compasión de los que sí hemos sido víctimas de los años. Eso hace que verte en estas fotos me resulte tan difícil. ¿Sigues teniendo aquella cámara, por cierto? Qué raro me resulta hablar de cámaras como algo obsoleto, cuando todos hemos tenido cámaras de bolsillo desde el 99. Hay cosas que es mejor que no cambien.
Hace poco pasé por el edificio donde solías vivir, cerca del colegio. Qué deteriorado lo han dejado. Claro, que es de lo poco reconocible que queda en ese barrio. Si supieses las veces que pensé en sentarme frente a tu portal a esperar hasta que te diera por salir o hacer como que tenía que ir a algún sitio y caminar acera arriba y abajo hasta cruzarme contigo o darte un mal codazo y que eso desencadenase en alguna conversación. Al menos que me diese motivo suficiente para decirte "hey, me pillas con prisa, pero me gustaría tomar un café contigo algún día". Tampoco sé si hubieses salido corriendo pensando que soy un enfermo o si directamente hubieras dicho que no sabías quién era. Creo que temía más lo segundo que lo primero. La osadía y el atrevimiento de la edad, que nos hace pensar locuras. Siempre imaginé que volvía a la ciudad, como en las canciones de Joaquín, y que te dabas cuenta de que era alguien interesante, paseábamos por los parques y te hacía muchas fotografías. Rodeábamos las fuentes de los parques, como en los videoclips de música. Tomábamos café en una librería, librería que nunca hubo, la verdad. Pero bueno, ese tiempo ya pasó.
Siento tener que despedirme ya, pero creo que debo volver a mis quehaceres. Ha sido agradable volver a tener diecisiete años por un momento y ojalá lo hubiese intentado con más fuerza. No tienes que responder a la carta, de verdad. Simplemente quería que supieses que sigo mirando algunas Polaroid cuando encuentro el momento y en todas vuelvo a tener diecisiete. Cuídate mucho.
Richard.
Hoy estuve mirando tus fotos, ésas que te hacías todo el rato. Qué guapa salías en todas y qué poco te lo dije. Aunque no hubiera marcado diferencia alguna si lo hubiera hecho ya que, por entonces, no nos conocíamos tanto. Pero, ¿Acaso nos terminamos conociendo alguna vez? Siempre que pienso en esa pregunta hace que recuerde la primera vez que te conocí. ¡Hazte una foto!- me dijiste. Y lo hice. Pero de haber sabido lo que venía tiempo después, habría intentado mantener esa conversación durante diez minutos más.
No te lo he dicho, pero hoy se celebró una feria del libro en el pueblo. Encontré una edición bastante antigua de El Pirata, de Lord Byron y la dependienta me dijo que la habían traído por error y que no estaba en venta. ¿Recuerdas la primera vez que quisimos vernos? Yo con mi trabajo, tú siguiendo con tu vida. En realidad era yo el que quería que nos viéramos pero las cosas no son siempre como queremos ni planeamos. Hoy, catorce años después, aún me pregunto si hice mal en quedarme y no hacerte una visita. Puede que el café fuese peor entonces, pero la circunstancia no habría sido más propicia.
¿Qué tal está tu marido? ¿Qué tal tu hijo? Yo también me casé hace tiempo. Ya ves, uno que nunca pensaba que eso fuese para él y mírame, hablando de ello como si fuera una tendera de mercadillo. Lo cierto es que no has perdido nada, ni un poco. No te has permitido el lujo de mal envejecer aunque fuese por humildad o por compasión de los que sí hemos sido víctimas de los años. Eso hace que verte en estas fotos me resulte tan difícil. ¿Sigues teniendo aquella cámara, por cierto? Qué raro me resulta hablar de cámaras como algo obsoleto, cuando todos hemos tenido cámaras de bolsillo desde el 99. Hay cosas que es mejor que no cambien.
Hace poco pasé por el edificio donde solías vivir, cerca del colegio. Qué deteriorado lo han dejado. Claro, que es de lo poco reconocible que queda en ese barrio. Si supieses las veces que pensé en sentarme frente a tu portal a esperar hasta que te diera por salir o hacer como que tenía que ir a algún sitio y caminar acera arriba y abajo hasta cruzarme contigo o darte un mal codazo y que eso desencadenase en alguna conversación. Al menos que me diese motivo suficiente para decirte "hey, me pillas con prisa, pero me gustaría tomar un café contigo algún día". Tampoco sé si hubieses salido corriendo pensando que soy un enfermo o si directamente hubieras dicho que no sabías quién era. Creo que temía más lo segundo que lo primero. La osadía y el atrevimiento de la edad, que nos hace pensar locuras. Siempre imaginé que volvía a la ciudad, como en las canciones de Joaquín, y que te dabas cuenta de que era alguien interesante, paseábamos por los parques y te hacía muchas fotografías. Rodeábamos las fuentes de los parques, como en los videoclips de música. Tomábamos café en una librería, librería que nunca hubo, la verdad. Pero bueno, ese tiempo ya pasó.
Siento tener que despedirme ya, pero creo que debo volver a mis quehaceres. Ha sido agradable volver a tener diecisiete años por un momento y ojalá lo hubiese intentado con más fuerza. No tienes que responder a la carta, de verdad. Simplemente quería que supieses que sigo mirando algunas Polaroid cuando encuentro el momento y en todas vuelvo a tener diecisiete. Cuídate mucho.
Richard.
19 abril 2012
Si me quedo a las puertas
Cuando quise marcharme lo hice sin pensar demasiado.
Sin mirar arriba, sin buscarlo cerca, sin temer el derroche.
Confundiendo amistades con males de noche,
despertando en clases de amor mal pagado.
Miraba morir las horas en las olas de arena herida,
borrando las huellas de la soberbia del desamparo,
mientras ibas creciendo con la inocencia
yo aprendí a dormir en los cines de tu barrio .
Y me fui tan pronto y tan deprisa,
tan deprisa llegué tan lejos.
Cuando quise romper tus espejos
me quedé a mi entierro y a tu misa.
Robé alguna mala tarde, hice trampas en mesas de bar,
Las costillas, la mañana, la casa abandonada.
Probé de todo para no traerme nada.
Lo que aprendí de la noche lo tuve que inventar.
Y me fui tan pronto y tan deprisa,
tan deprisa llegué tan lejos.
Visto tan joven sintiéndome tan ciego,
que ahora me pesan mis siete vidas.
Ahora que te miro, sé que ya no te acuerdas.
Que no esperas mis alas, que sueno a retahíla,
Canciones con letras que visten ya viejas
Me siento a la orilla del mar.
Si todavía me acuerdo, me busco en las cantinas
de haberte adivinado habría perdido la maleta,
sabiendo que me quedo a las puertas,
Sabiendo que nunca regresaría.
Sin mirar arriba, sin buscarlo cerca, sin temer el derroche.
Confundiendo amistades con males de noche,
despertando en clases de amor mal pagado.
Miraba morir las horas en las olas de arena herida,
borrando las huellas de la soberbia del desamparo,
mientras ibas creciendo con la inocencia
yo aprendí a dormir en los cines de tu barrio .
Y me fui tan pronto y tan deprisa,
tan deprisa llegué tan lejos.
Cuando quise romper tus espejos
me quedé a mi entierro y a tu misa.
Robé alguna mala tarde, hice trampas en mesas de bar,
Las costillas, la mañana, la casa abandonada.
Probé de todo para no traerme nada.
Lo que aprendí de la noche lo tuve que inventar.
Y me fui tan pronto y tan deprisa,
tan deprisa llegué tan lejos.
Visto tan joven sintiéndome tan ciego,
que ahora me pesan mis siete vidas.
Ahora que te miro, sé que ya no te acuerdas.
Que no esperas mis alas, que sueno a retahíla,
Canciones con letras que visten ya viejas
Me siento a la orilla del mar.
Si todavía me acuerdo, me busco en las cantinas
de haberte adivinado habría perdido la maleta,
sabiendo que me quedo a las puertas,
Sabiendo que nunca regresaría.
Aquella vez que naufragué cada diez minutos.
Dudar es de cobardes.
Pero yo no dudo porque quiero creer que esta vez pasará antes de tomar una decisión que me haga volver a la mariposa. Quieres que sea sincero; me dices que la verdad duele y quieres oírla pero al oírla vas a odiarme simplemente porque no la compartes. Hacer lo correcto, como ves, no siempre es lo mejor ni lo más sencillo y no sé si lo que debo hacer ahora es lo correcto o simplemente un impulso del calor sobre la razón.
Y ahora me debato entre el "y", el "pero," el "no puedo", el "no quiero", el "no quiero querer", el "no quiero poder" y el "no puedo querer". Porque poder sí que puedo aunque no deba y no debo tanto como puede parecer ya que si me marcho va a ser con lo puesto y nada en los bolsillos.
Allá donde se me quiera será donde no se me busque.
Cómo te digo, Victoriosa, cómo hago yo...
Para que comprendas, para que veas...
Que tengas claro, que sepas...
¿Pero cómo vas a saberlo si no quieres saber nada de quien te escribe?
Ahí donde me ves es donde no quiero estar.
Me quedan pocas metáforas, pocas frases, pocas ganas y tú pareces tener todo lo que nunca tuve. Cuentas con la ventaja de la vida, de la época, del año, del sitio. Conoces, sabes, piensas ergo sientes y pretendes que permanezca impasible aunque sea lo único que pueda hacer, ya que para ti no soy más que un extraño que dice cosas que no comprendes y habla de temas que no entiendes.
Ya te dije que la vida sí era justo. Somos nosotros los que nos planteamos las situaciones injustas.
Cuando te des cuenta ya será tarde y yo habré engendrado en la duda, tendré una hipoteca amarga de seda y las tostadas hipócritas con zumo de naranja y café de esas películas que aborrezco. Es irónico que mi corona de laurel se deba a la gran derrota no librada de tu incertidumbre.
No, no soy un loco y no digo disparates. Solo estoy cansado.
No te dejaré grandes canciones porque soy un inconstante y no habrá grandes versos porque nunca fui un poeta. Ese es mi legado: un mar de dudas en medio de una gran nada y, en el centro, estoy yo: mirándote a ver si amaneces cada diez minutos de mi día de seis horas.
Ahora deja que repare en sueños, deja que me pierda un instante.
10 marzo 2012
Undefined Ofendo
No lo sé, no lo sé.
Te quedaste y no sabría decir por qué.
Sigues teniendo catorce, dieciséis, quince, veinte, diecisiete, diecinueve, dieciocho...
Sigo mirándote cuando piensas que escribes para ti sola,
cuando cantas en la cocina, cuando te fotografías en el parque,
cuando dices que el amor se acaba y que ya nadie lucha por nadie.
La sensación constante de Déjà Vu es aterradora y eso hace que me frene más y más.
Pero llegados a este punto creo que no tengo más opción que seguir caminando por el borde del desfiladero. Saltar al vacío no es una opción viable ahora, cuando hubiera saltado sin pensar años atrás.
No quiero ver señales, no quiero ver códigos, no quiero guiños. Ya he pasado por eso y te aseguro que no da más que lugar a equívocos, confusiones y a relaciones despedazadas por las inseguridades y el orgullo. Y no me resulta fácil admitir esto. Aunque no sepas la razón ni el por qué, eres mi enemiga desde antes de que te conociese. No es culpa tuya y no podrías haberlo cambiado. Al menos no esa parte.
Suena un tambor, retumba en el umbral,
viene hacia ti, te atrae como un imán.
Pero no hay ecuación ni fórmula genial
que te ayude a comprender lo que asoma detrás.
Además, tú ya tienes eso que llamas vida y yo esto que llamo vida. No te lo puedo decir claramente, no puedo escribirte una dedicatoria y no puedo hacer una referencia. No quiero simbolismos, no quiero barroquismo de los catorce ni el veneno del después. No puedo permitirme pasar por ahí otra vez. Quiero que te marches y me olvides ya que tú sí puedes hacerlo. Tu vida no pesa y no te mueres si pierdes la memoria. Esas cosas son para mayores con mayores preocupaciones y peores noches de insomnio.
Quédate bailando sola, no te mueras por amor, espera al último baile de la última canción y espera a beber los rayos del Sol de la mañana. Fue hace poco y parece que han pasado diez años, con tu camiseta de estrellas que nunca has escuchado y con ese peinado a lo rock star de mejores años. Pero qué hermosos éramos todos...
Ahora vuelve el huracán de planes trazados e ideas sin marcar.
Cae sobre mí la bomba universal.
No hay colisión ni ley ni gravedad que te pueda hacer caer aunque tiren a dar.
Mi manera de comprometerme será darme a la fuga...
Te quedaste y no sabría decir por qué.
Sigues teniendo catorce, dieciséis, quince, veinte, diecisiete, diecinueve, dieciocho...
Sigo mirándote cuando piensas que escribes para ti sola,
cuando cantas en la cocina, cuando te fotografías en el parque,
cuando dices que el amor se acaba y que ya nadie lucha por nadie.
La sensación constante de Déjà Vu es aterradora y eso hace que me frene más y más.
Pero llegados a este punto creo que no tengo más opción que seguir caminando por el borde del desfiladero. Saltar al vacío no es una opción viable ahora, cuando hubiera saltado sin pensar años atrás.
No quiero ver señales, no quiero ver códigos, no quiero guiños. Ya he pasado por eso y te aseguro que no da más que lugar a equívocos, confusiones y a relaciones despedazadas por las inseguridades y el orgullo. Y no me resulta fácil admitir esto. Aunque no sepas la razón ni el por qué, eres mi enemiga desde antes de que te conociese. No es culpa tuya y no podrías haberlo cambiado. Al menos no esa parte.
Suena un tambor, retumba en el umbral,
viene hacia ti, te atrae como un imán.
Pero no hay ecuación ni fórmula genial
que te ayude a comprender lo que asoma detrás.
Además, tú ya tienes eso que llamas vida y yo esto que llamo vida. No te lo puedo decir claramente, no puedo escribirte una dedicatoria y no puedo hacer una referencia. No quiero simbolismos, no quiero barroquismo de los catorce ni el veneno del después. No puedo permitirme pasar por ahí otra vez. Quiero que te marches y me olvides ya que tú sí puedes hacerlo. Tu vida no pesa y no te mueres si pierdes la memoria. Esas cosas son para mayores con mayores preocupaciones y peores noches de insomnio.
Quédate bailando sola, no te mueras por amor, espera al último baile de la última canción y espera a beber los rayos del Sol de la mañana. Fue hace poco y parece que han pasado diez años, con tu camiseta de estrellas que nunca has escuchado y con ese peinado a lo rock star de mejores años. Pero qué hermosos éramos todos...
Ahora vuelve el huracán de planes trazados e ideas sin marcar.
Cae sobre mí la bomba universal.
No hay colisión ni ley ni gravedad que te pueda hacer caer aunque tiren a dar.
Mi manera de comprometerme será darme a la fuga...
16 enero 2012
...y que me llamen extranjero.
Hace mucho que es tarde.
Tarde para mí, para ello, para lo demás.
Pero cuando uno visita los lugares que un día conoció recuerda batallas tan antiguas que no sabrías decir por qué comenzaron: solo recuerdas que lo hicieron y no sirvió de nada. Y aún así qué caprichosos somos, que teniendo todo seguimos sin estar del todo tranquilos. Algunos estamos hechos para el regocijo de nuestra propia miseria y cuando no la tenemos la extrañamos.
Aún me atormenta el pensamiento de abrir según qué puertas y lo desecho con la misma velocidad a la que me vienen. Esas cosas no sacan a uno de nada, sino que lo llenan de dudas, de desconfianza y de inseguridades y ya estamos un poco creciditos para volver a jugar a "no tengo casa, no tengo pareja. Vamos a la aventura". Y no por falta de ganas, vaya.
Mátame si ya no te resulto útil,
mátame si te queda compasión.
Pero esta casa en la que se mueve mi mente día tras día (desde que tengo uso de razón) está tan llena de fotos, secretos y fantasmas que se me hace casi imposible combatirlos sin verme en la obligación de hacer como si no me escuchase pensar.
Un suelo de una habitación que me lleva a un dormitorio en cuyas paredes adornan retazos de una vida, un pañuelo, una caja de música que toca un 15 de julio de 2007, una cama llena de gente que no me espera y una silla donde no encuentro descanso.
Me marcharía si me lo pidieses,
me quedaría si pudiese.
Y si he de irme, me iré.
Pero solo ti tengo que hacerlo.
Una frase ahora, otra dentro de cinco minutos, luego una foto, ahora viene una canción, vienen ganas de tener dieciocho de nuevo, ganas de no haberlos tenido nunca, amanece, me veo viniendo a través del puente de la universidad sin saber dónde termino pero contento porque la noche ha sido inolvidable. No camino solo, no se pongan tristes.
Qué mala vida esta que hace a uno no ser capaz de tener la ocasión de volver a tener otra vida para aprovechar aún más tiempo, ver más lugares, más personas, menos días y más noches. Pero esta vieja casa sigue hablándome y me enseña fotografías que hacen que quiera marcharme. Esa casa donde puedo tocar la guitarra, que sabe que no debería haberme ido nunca, que podría haber tomado ese otro camino, esa otra puerta, esa otra cama.
Y ahora soy yo el que no pide aire,
ahora soy yo el que quiere marcharse.
Mañana me despertaré y puede que no quiera hacerlo, con dolor de cabeza y yaciendo inánime. Viendo como el mundo se vuelve loco dando vueltas. Y todo lo que dije que haría, como hacer el mundo de nuevo o dedicarte tiempo, simplemente se perdió en la oscuridad y ver el mundo dando vueltas como un loco.
Ahora el día se ha terminado, ahora digo que volveré. Miro las estrellas desde el borde del río, donde el mundo sigue girando y yo sigo completamente inmóvil. Vuelvo a despertarme y resulta que el día se ha marchado y la noche está sobre mí, pero el mundo sigue, sigue, sigo, sigues, siguen y, sobre todo, sigues.
Quizás algún día sepas que nunca pude hablarte pero que siempre quise hacerlo y ya será tarde. Lleva siendo tarde durante diez años y no fue culpa tuya, no fue culpa mía, fue culpa de los dos, fue culpa de ninguno. Fue por haber dejado las buenas costumbres y no disparar al camarero.
Aún no estoy preparado
para que nos marchemos de la casa.
Ahora ye hemos crecido todos y las habitaciones están vacías, nadie se sienta a cenar en el salón y las fotografías se multiplican. Me acuerdo de esta, en la playa. Me acuerdo de esa en el parque, bajo tu casa. Me acuerdo de esa, donde tuve que girarme porque te había visto y aún no te conocía, pero quise hacerlo.
Hermano, he tenido un sueño:
Estaba de pie, contemplando un cielo naranja.
Ahora mi tiempo aquí se termina y volveré a quedarme en esta casa mientras me marcho a la tierra que me reclama sin derecho ni afecto. Volveré a ser un turista donde tengo mi casa en lugar de ser un extranjero en mi tierra.
Pórtate bien.
Tarde para mí, para ello, para lo demás.
Pero cuando uno visita los lugares que un día conoció recuerda batallas tan antiguas que no sabrías decir por qué comenzaron: solo recuerdas que lo hicieron y no sirvió de nada. Y aún así qué caprichosos somos, que teniendo todo seguimos sin estar del todo tranquilos. Algunos estamos hechos para el regocijo de nuestra propia miseria y cuando no la tenemos la extrañamos.
Aún me atormenta el pensamiento de abrir según qué puertas y lo desecho con la misma velocidad a la que me vienen. Esas cosas no sacan a uno de nada, sino que lo llenan de dudas, de desconfianza y de inseguridades y ya estamos un poco creciditos para volver a jugar a "no tengo casa, no tengo pareja. Vamos a la aventura". Y no por falta de ganas, vaya.
Mátame si ya no te resulto útil,
mátame si te queda compasión.
Pero esta casa en la que se mueve mi mente día tras día (desde que tengo uso de razón) está tan llena de fotos, secretos y fantasmas que se me hace casi imposible combatirlos sin verme en la obligación de hacer como si no me escuchase pensar.
Un suelo de una habitación que me lleva a un dormitorio en cuyas paredes adornan retazos de una vida, un pañuelo, una caja de música que toca un 15 de julio de 2007, una cama llena de gente que no me espera y una silla donde no encuentro descanso.
Me marcharía si me lo pidieses,
me quedaría si pudiese.
Y si he de irme, me iré.
Pero solo ti tengo que hacerlo.
Una frase ahora, otra dentro de cinco minutos, luego una foto, ahora viene una canción, vienen ganas de tener dieciocho de nuevo, ganas de no haberlos tenido nunca, amanece, me veo viniendo a través del puente de la universidad sin saber dónde termino pero contento porque la noche ha sido inolvidable. No camino solo, no se pongan tristes.
Qué mala vida esta que hace a uno no ser capaz de tener la ocasión de volver a tener otra vida para aprovechar aún más tiempo, ver más lugares, más personas, menos días y más noches. Pero esta vieja casa sigue hablándome y me enseña fotografías que hacen que quiera marcharme. Esa casa donde puedo tocar la guitarra, que sabe que no debería haberme ido nunca, que podría haber tomado ese otro camino, esa otra puerta, esa otra cama.
Y ahora soy yo el que no pide aire,
ahora soy yo el que quiere marcharse.
Mañana me despertaré y puede que no quiera hacerlo, con dolor de cabeza y yaciendo inánime. Viendo como el mundo se vuelve loco dando vueltas. Y todo lo que dije que haría, como hacer el mundo de nuevo o dedicarte tiempo, simplemente se perdió en la oscuridad y ver el mundo dando vueltas como un loco.
Ahora el día se ha terminado, ahora digo que volveré. Miro las estrellas desde el borde del río, donde el mundo sigue girando y yo sigo completamente inmóvil. Vuelvo a despertarme y resulta que el día se ha marchado y la noche está sobre mí, pero el mundo sigue, sigue, sigo, sigues, siguen y, sobre todo, sigues.
Quizás algún día sepas que nunca pude hablarte pero que siempre quise hacerlo y ya será tarde. Lleva siendo tarde durante diez años y no fue culpa tuya, no fue culpa mía, fue culpa de los dos, fue culpa de ninguno. Fue por haber dejado las buenas costumbres y no disparar al camarero.
Aún no estoy preparado
para que nos marchemos de la casa.
Ahora ye hemos crecido todos y las habitaciones están vacías, nadie se sienta a cenar en el salón y las fotografías se multiplican. Me acuerdo de esta, en la playa. Me acuerdo de esa en el parque, bajo tu casa. Me acuerdo de esa, donde tuve que girarme porque te había visto y aún no te conocía, pero quise hacerlo.
Hermano, he tenido un sueño:
Estaba de pie, contemplando un cielo naranja.
Ahora mi tiempo aquí se termina y volveré a quedarme en esta casa mientras me marcho a la tierra que me reclama sin derecho ni afecto. Volveré a ser un turista donde tengo mi casa en lugar de ser un extranjero en mi tierra.
Pórtate bien.
07 octubre 2011
Bosquejos y Resquicios X: Canción para el naufragio
Con el veranillo del santo pesando en mis manos.
Sentado os espero. Tranquilo, sereno, cansado.
Las ganas de mundo se me quedan solas a la primera
y las tardes la encojen con prisa cuando nadie la ve.
Que el tiempo se detenga en tus labios.
Mi rincón, tu camino, tu acera.
Amanece bailando a La Luna,
no quieras tan pronto crecer.
Eloisa, canción de naufragios,
Caramelo de primavera.
No te duermas tan pronto en la duda,
no esperes al último tren.
Y si pronto me marcho de nuevo al lugar de la desdicha
no pregunten si quiero mañana o si quiero volver.
Solo dame una tarde de baile, una noche desnuda
Criatura, te cambio mi camisa por tu acné.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)