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El hombre del sur que bajó la luz by Francisco Lara Sánchez is licensed under a Creative Commons Attribution-NoDerivs 3.0 Unported License.

21 abril 2012

22 de septiembre.

Hola, Victoria.


Hoy estuve mirando tus fotos, ésas que te hacías todo el rato. Qué guapa salías en todas y qué poco te lo dije. Aunque no hubiera marcado diferencia alguna si lo hubiera hecho ya que, por entonces, no nos conocíamos tanto. Pero, ¿Acaso nos terminamos conociendo alguna vez? Siempre que pienso en esa pregunta hace que recuerde la primera vez que te conocí. ¡Hazte una foto!- me dijiste. Y lo hice. Pero de haber sabido lo que venía tiempo después, habría intentado mantener esa conversación durante diez minutos más.


No te lo he dicho, pero hoy se celebró una feria del libro en el pueblo. Encontré una edición bastante antigua de El Pirata, de Lord Byron y la dependienta me dijo que la habían traído por error y que no estaba en venta. ¿Recuerdas la primera vez que quisimos vernos? Yo con mi trabajo, tú siguiendo con tu vida. En realidad era yo el que quería que nos viéramos pero las cosas no son siempre como queremos ni planeamos. Hoy, catorce años después, aún me pregunto si hice mal en quedarme y no hacerte una visita. Puede que el café fuese peor entonces, pero la circunstancia no habría sido más propicia.


¿Qué tal está tu marido? ¿Qué tal tu hijo? Yo también me casé hace tiempo. Ya ves, uno que nunca pensaba que eso fuese para él y mírame, hablando de ello como si fuera una tendera de mercadillo. Lo cierto es que no has perdido nada, ni un poco. No te has permitido el lujo de mal envejecer aunque fuese por humildad o por compasión de los que sí hemos sido víctimas de los años. Eso hace que verte en estas fotos me resulte tan difícil. ¿Sigues teniendo aquella cámara, por cierto? Qué raro me resulta hablar de cámaras como algo obsoleto, cuando todos hemos tenido cámaras de bolsillo desde el 99. Hay cosas que es mejor que no cambien.


Hace poco pasé por el edificio donde solías vivir, cerca del colegio. Qué deteriorado lo han dejado. Claro, que es de lo poco reconocible que queda en ese barrio. Si supieses las veces que pensé en sentarme frente a tu portal a esperar hasta que te diera por salir o hacer como que tenía que ir a algún sitio y caminar acera arriba y abajo hasta cruzarme contigo o darte un mal codazo y que eso desencadenase en alguna conversación. Al menos que me diese motivo suficiente para decirte "hey, me pillas con prisa, pero me gustaría tomar un café contigo algún día". Tampoco sé si hubieses salido corriendo pensando que soy un enfermo o si directamente hubieras dicho que no sabías quién era. Creo que temía más lo segundo que lo primero. La osadía y el atrevimiento de la edad, que nos hace pensar locuras. Siempre imaginé que volvía a la ciudad, como en las canciones de Joaquín, y que te dabas cuenta de que era alguien interesante, paseábamos por los parques y te hacía muchas fotografías. Rodeábamos las fuentes de los parques, como en los videoclips de música. Tomábamos café en una librería, librería que nunca hubo, la verdad. Pero bueno, ese tiempo ya pasó.


Siento tener que despedirme ya, pero creo que debo volver a mis quehaceres. Ha sido agradable volver a tener diecisiete años por un momento y ojalá lo hubiese intentado con más fuerza. No tienes que responder a la carta, de verdad. Simplemente quería que supieses que sigo mirando algunas Polaroid cuando encuentro el momento y en todas vuelvo a tener diecisiete. Cuídate mucho.


Richard.

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