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El hombre del sur que bajó la luz by Francisco Lara Sánchez is licensed under a Creative Commons Attribution-NoDerivs 3.0 Unported License.

22 octubre 2010

Bosquejos y resquicios III: El muchacho que no consiguió cambiar el mundo.

Resulta que hubo una vez un muchacho valiente
que cruzó doce mares y luchó en quince guerras.
No tenía rival en planetas, cielos o mares
y hace años emprendió un viaje hacia nuevas tierras.


Sin espadas, sin naves, sin monstruos, soldados y arena.
Sin la selva de hierba que guardaba en su jardín.
Sin olivos sobre los que hacer un fuerte de madera.
Sin las tardes viendo al sol acostarse sobre un mar de adoquín.


A los trece quería crecer y peinarse la barba.
A los veinte se petrificó viendo el tiempo pasar.
Lo que traiga consigo la suerte será para otros.
Lo que quede después de nosotros no nos servirá.


Sin historias con grandes guerreros y bellas doncellas.
Sin la hoguera que hizo verano aquellos inviernos.
Sin mis gatos, mi cama, mi casa, mi rincón de galeras.
Sin la esperanza de que podamos volver a vernos.


Decían que vieron a alguien que se le parece
vendiendo en la calle su espada y jubón.
¡Se lo lleven! ¡No juego! Que nadie recuerde
que una vez tuve un sueño y desapareció.


Sin floretes, sin capas, sin sus pistolas.
Sin su risa de escudo, sin barco de papel.
Hace tiempo un muchacho quiso cambiar el mundo
y fue el mundo el que lo vio perecer.

Bosquejos y resquicios II: Que no vuelvan a verte.

Si una noche despiertas a las tres de la mañana
y crees que por azar falto de tu lado,
no corras hacia a la ventana.
No esperes audiencia en tu drama,
la canción ya la han escuchado
y tu baile no lleva a la cama.

Que me dé tiempo, que tenga mucha suerte.
Que no llegues a la puerta, que tengas que volverte.
Que se pierdan en la lluvia tus ganas de comerme.
Que no te diga nadie que volvieron a verme.

Te sobraba gente para derrochar como ninguna.
Te faltaban hombres para entrar y salir.
Tenías más boca, más ganas, más temas, menos clausura.
No quisiste dejarlo en París
y ahora vives a oscuras.

Que te deje de lado la noche si me lo consiente.
Que los años no pasen despacio y no sepas qué ponerte.
Que te traten tranquila, menuda y modestamente.
Que no me diga nadie que volvieron a verte.

20 octubre 2010

Bosquejos y resquicios: Esta noche no vuelvo.

Que de tanto salir
que de tanto entrar.
De tanto así, así
de tanto ver y callar.

Qué tanto cuesta pedir
que ninguno consigue dar.
Cuando vienen todos a comer
y sólo se quedan a joder
para ponerte bien a parir
y la viga en el propio evitar.

Que de tanto no me sobro
que de poco no me quejo.
Que si vienen corriendo a casa
-sabiendo quién se pasa-
sabré si tengo que salir corriendo.

Que ya no quiero librar batallas
que los quebrantos siempre me llevo.
Y si me piden las cuentas claras
que se aclaren ¡Coño! primero.

Que uno se cansa de todo:
de las pomposas puestas de largo,
de las cortas de grandes pechos,
de las noches de regazo
y el buen vicio del adulterio.

De los unos y de los otros,
de los otros y de los "aquellos".
De todo se cansa uno
menos de decir "¡Niño! Ponme otro.
Que lo mismo, esta noche, no vuelvo.

26 agosto 2010

There's No Way back home

He despertado en un lugar que no era mi casa. Las paredes estaban agrietadas, el suelo era frío como un cadáver, la luz escasa y el aire que se respiraba no albergaba mucha más vida que la que yacía desvaneciéndose en mi interior.

Si ahora tuviese que pensar en un lugar que me pudiese transmitir algo de paz creo que me quedaría en la vigilia; ese lugar entre el sueño y la realidad, ese escalón que cruzamos cada noche antes de dormir, por tanto tiempo que perdería lo poco que me queda de cordura para convertirme en la sombra de lo que fui antaño, si es que no lo soy ya. Puede que ni incluso así pudiera conciliar un sueño tranquilo.

Una vez oí que a medida que los años nos van sucediendo, los días se hacen cada vez más cortos y las horas pasan cada vez más deprisa y cuando quieres darte cuenta has dejado atrás los mejores momentos de tu vida por intentar aferrarte demasiado a otros que no tenían más propósito que el de un placebo pasajero.

Quizás sea de lo que va todo esto, de encontrar un hogar antes de que la aguja del reloj llegue al último número que nos quede y la brecha termine haciéndose enorme. Quizás sea eso a lo que se refieren las señales del camino, las señales que constantemente dejamos pasar o ignoramos por razones que no podemos explicar.

O quizás nos estemos muriendo lentamente en cada esquina. Puede que estuviéramos destinados a morir desde un principio y únicamente hubiéramos podido ser felices siendo no-natos. Desde el momento en que hemos abierto los ojos a este desorden catastrófico avocado al fracaso que algunos llaman mundo no hemos tenido otro propósito que el de morir lenta y postergadamente haciéndolo lo más silenciosamente posible y solo un cínico idealista podría decir lo contrario.

Pero aquí estamos. ¿Que si alguien puede encontrar su verdadero camino? Creo que hacemos lo que podemos. Unos intentarán luchar y decirse a sí mismos lo justificadas que están sus causas para poder conciliar el sueño y otros, sin embargo, se limitarán a aceptar la verdad y morir un poco más por dentro con cada atardecer.

03 junio 2010

Esta no es mi estación

Ya lo decía Mafalda, sabia donde las haya, "Que paren el mundo, que yo me bajo".

Recuerdo cómo hace unos años venía hacia mí ese sonido que te recuerda a una canción ya escuchada pero que no consigues poner en contexto. Sentías algo extraño en el ambiente que los demás podían o no percibir de la misma forma y, parafraseando a un amigo, haciendo apología de esa "verdad indivisible" de la que alardeaban estar en posesión.

Cuando ya pude despejar esa bruma me encontré con el resultado de ese ir y venir de sitios y gentes, situaciones e historias y me di cuenta de que había algo en el mundo que hacía tiempo había dejado de funcionar. Algo no iba como debería. Había algo que estaba realmente mal.

Dos semanas más tarde cumplí dieciséis años

Cuando fue pasando el tiempo comencé a tener conversaciones no gente que debería ser más sabia que yo al tener mayor rango de edad, pero no supieron darme respuestas a las simples preguntas que les planteaba por entonces. Se dedicaban a la felación recíproca y reflexiva para con sus compañeros sobre esas ideas y esos motivos que ellos tienen y nadie entiende por no ser suficientemente inteligentes para acceder. Bueno, puede que así fuese.

Pronto me vi en posesión de algunos años más y las preguntas se habían convertido en cuestiones, es decir, la consecuencia de cuestionar. Ya no me preguntaba según qué cosas, sino que más bien me cuestionaba el por qué de todo eso que parecía chirriar como rastrillo oxidado por la carrocería de una camioneta. Ahora no preguntaba, ahora exigía respuestas!

¿Y sabes qué encontré? A esos sabios y sabias encanecidos y absortos en sus pensamientos. Ya no hablaban sobre nada ni trataban de solucionar o cuestionar ningún tema en absoluto. Tas tanto tiempo hinchando su ego a base del crédito de los ignorantes había llegado el punto en el que ya no admitían más y, como todo gran imperio, se desmoronaron.

Tiempo después y al ver que nadie se planteaba y todos pretendían llevar su propia vendetta personal contra todo me desentendí. Ya no quería ni sabios ni respuestas. Vi la verdadera naturaleza del hombre, vi la verdadera naturaleza del mundo en el que vivimos y que tratamos de cambiar como ese marido que maltrató una vez a su esposa.

Y cuando conseguí ver de verdad esa naturaleza ya nadie me quería mirar a la cara. Nadie quería verse reflejado ni conocer lo que realmente tenían dentro y sobre lo que habían edificado con elaboradas falacias y un ego prestado de alguna influencia pop-modernista.

Y habrá quien como yo en aquel entonces se pregunte qué funciona tan mal en este mundo. Me reservo el derecho de esa respuesta ya que cada uno debe conocer su propósito y encontrar la suya propia.

Pero si de verdad alguien ha encontrado un sótano en el que esconderse y donde tiene las pocas cosas que realmente importan al final del día, esa persona será la privilegiada. Pues esa será la respuesta a su pregunta.

24 abril 2010

La ignorancia no es la felicidad.

Buenas noches, Bada-Hell.

Hoy me ha sucedido algo curioso: navegando por una de las redes sociales más de moda del momento (y quizá la más de moda, de hecho) me topé con un grupo donde la gente se pone de acuerdo en que hoy en día faltan modales y nadie se refiere a prácticamente nadie con el debido respeto. Pues bien, no hago más que posar mi mirada en las aparentes similitudes de los comentarios de los usuarios cuando me doy cuenta de que el artífice del grupo ha pasado por una situacion traumática y, en consecuencia, ha recibido un aluvión de comentarios de ánimo, apoyo, solidaridad y demás propaganda de secta.

"A esto hemos llegado" es lo primero que ha cruzado mi mente. ¿Realmente necesita una persona mensajes de apoyo de gente a la que no verá en su vida simplemente para que se le haga más llevadero el trauma por el que ha pasado? ¿O símplemente necesita llamar la atención para sentirse querido y poder captar la atención de los ineptos internautas que rondan por legión en este vasto terreno de la comunicación?. Antes de juzgarme esperad a leer todo el artículo.

Algunos comentarios de apoyo eran bastante decentes, pero la gente es que no tiene medida para estas cosas y se podían leer cosas como "Cuando todo mi día ha sido una basura y tengo ganas de llorar sólo tengo que venir a leer estos mensajes de apoyo y me hacen sonreir". Hasta donde yo sé, la condolencia y la empatía tienen un grado, pero esto rayaba el recochineo. Había otros que, por otra parte, le encomendaban a las deidades cristianas con frases como "Entiendo perfectamente por lo que estás pasando (mis dudas al respecto, francamente) y sólo te voy a pedir un favor. Ten fé y...blablabla basura cristiana". ¿Realmente son necesarios esta clase de comentarios? Entiendo que la gente se solidarice hasta cierto punto, pero estos mensajes tan "extrema unción" creo que están de más y mucho más si es hacia una persona que, para empezar, expone un trauma en un grupo donde se puede unir cualquiera y se sume a la causa de leer su pena y su calvario y le chupe la poya como el incontable número de borregos que le precedieron.

Puede que el encargado del grupo venga mañana y diga "Pues lo cierto es que era todo mentira" y todos se quedarán con cara de idiotas y le tacharán de ser lo peor del mundo por jugar con las ilusiones y demás atributos de la gente. Si en esta tesitura nos ponemos, él también les podría decir que no les coaccionó para ponerse en ese plan de campaña de salvación, ya que ninguno de ellos se esmeró en averguar nada. simplemente acataron dogmáticamente lo que un extraño escribió con mayor o menor verosimilitud. Les estaría bien empleado, por zoquetes.

Lo cierto es que llegué a plantearme mediar en este asunto y contestar a algún que otro usuario si no le daba vergüenza escribir según qué cosas y al dueño del grupo preguntarle si con cada comentario su verga crece más para equipararse a su ego.

Aunque me contuve...

Con esta clase de gente hay que tener mucho cuidado, y me refiero a esos fanáticos (por su devoción) defensores de causas justas y nobles (según su propio criterio) que no admiten ninguna opinión que les haga replantearse cualesquiera que sean sus ideas y/o principios.

26 febrero 2010

Si tengo que pisar cristales que sean de bohemia.

Se extrañan los tiempos de Las Alas de la Mariposa donde todo era un huracán de sensaciones entreverado de misantropía y musas. Curarse de las heridas conlleva a curarse del dolor y, sin dolor, no puedes quejarte. Quizá sea por la edad, puede que la consecuencia, es posible que la experiencia o a lo mejor por la piel curtida de estos años que han pasado deliberadamente a propósito. El principio pudo ser variado, pero el final ha terminado siendo el mismo y al final todo se limita a un tópico en gran medida.

-"El tiempo lo cura todo".

Eso decía mi abuela, mujer sabia y erudita de la vida donde las halla, pero el tiempo no lo cura todo pues no es ningún doctor. La memoria no sana y algunas heridas no se olvidan; algunas que nos hicieron, otras que hicimos y algunas que provocamos; pero todas las hemos merecido. Es así, estamos expuestos a la constante crítica de todo lo que nos rodea y, de la misma manera, nosotros criticamos en consecuencia. Es un principio básico de la ciencia: Causalidad (Causa y efecto) y ninguno está exento de ella, porque, como dijo aquel instruido hombre de traje y corbata, el desconocimiento de esta norma no te exime de su cumplimiento. Al final terminaremos siendo un producto consecuente a la repercusión, tanto kármica como física, de toda una vida. Así que, si tenemos que esperar a ese final inevitable, será mejor que lo hagamos tomando bueno vino y fumando buen tabaco. Porque ese final nos llegará a todos por muy optimistas y altruistas que hallamos querido ser y nos convertiremos en algo que nunca habíamos planeado ser.

22 enero 2010

Cuando fuimos los mejores...

No recuerdo cuál fue la última vez que me caminé por la ciudad en su etapa nocturna con sus farolas encendidas, pero, desde luego, hace una eternidad de ello y por fin, tras mis viajes, he podido poner casa en tierras conocidas y eso, en estos días, es algo bastante difícil de conseguir. Parece que esta ciudad es cada vez más perezosa para los cambios. Tanto para mejor como para peor. Pero hoy no será una de esas noches donde le muestro a todo el mundo la basura en la que pisan constantemente, ni será una de mis vendettas personales con el resto de la humanidad.
Durante todo este tiempo he visto cosas pequeñas que han cobrado mucha más relevancia que cualquier esperpento social palpable por la calle. He conseguido valorar los pequeños logros que se marca cada uno, individualmente y las hazañas del día a día. Nos encontramos en medio de una guerra en el auge del "Yomismismo" y la gente ya no invierte tiempo en lo que se sale del borde de su propio espejo. Cada vez son menos las historias que encuentro y más los personajes que quieren interpretarlas, más los momentos de "recuerdo aquella vez..." o "cuando éramos más jóvenes..." y cada vez son más escasas las ocasiones de marcar una diferencia anacrónica con respecto al tiempo que nos ha tocado vivir. Ahora ya no se piensa con claridad y todo está lleno de un gran y hermoso "nada". No encuentro gente auténtica a donde quiera que voy y los que terminan compartiendo espacio finalizan en una constante competición por ver quién pisa a quién y, como adivinaréis, es de lo que trata todo esto.

-¡La respuesta está ahí fuera!-

Leía en un gran póster en una pared deteriorada a la par que me planteaba el por qué de mi parsimonia extrañamente adquirida e inusual en mí. Pero con todo ello no escuché más que los pedazos de frases llenos de mierda de la gente que iba teniendo cerca paso arriba y paso abajo. Ahí fue cuando tiré el estupendo aperitivo que acompañaba mi marcha. Supongo que, con eso, Cosmopólitan había ganado esa batalla y podría entrar en el bañador que lance algún diseñador de cara al próximo verano. Incluso así intenté no lanzarlo al mar y comérmelo. Me gusta pensar que puedo joder a alguien a kilómetros de distancia y que no sepa de mi existencia. Como una especie de justiciero anónimo. De modo que encaminé mi marcha y me paré a observar a una joven inusualmente pálida que miraba con asombro el escaparate de una tienda de cosméticos y moda o lo que ellos llaman moda. La niña, que a pesar de no haber desarrollado pecho todavía se podría considerar atractiva, ya iba de la mano de un chico que podría ser dos años menor que yo y tres mayor que ella, se encontraba atónita por el increíble modelado, bronceado y corpulencia de las chicas que anunciaban el sueño de cualquiera con una moral baja y poco aprecio a sí mismo. ¿Es eso lo que hemos aprendido a inculcar a nuestros hijos? Probablemente se deba a una falta total de educación por parte de sus progenitores, pero debo confesar que siento cierto pellizco moral por haber colaborado de alguna forma a esa erosión del "ego" (entiéndase como "yo"). En cualquier caso era una auténtica locura y no pude hacer más que seguir mi camino, pues creo que había descuento en magdalenas de chocolate justo delante de esa tienda.

Forever young. I wanna be forever young. 
Do you really wanna live forever, forever...?

Sonaba en mi cabeza como si me lo estamparan en la cara con un mazo de cincuenta kilos. No, supongo que ninguno de nosotros seremos enterrados por nuestros tataranietos, pero ¿Quién querría llegar a eso?. El día en que sean mis hijos los que me cambien a mí los pañales, por favor, acabad con lo poco que me quede de dignidad y pegadme un tiro en medio del campo. Es absurdo ponerse cabezotas en este punto de la historia, pero nadie quiere ser olvidado y todos queremos aportar algo mientras estamos vivos para que nos honren incluso tras nuestra muerte. Ya veis, somos unos egoístas incluso estando muertos. El destino, al parecer, no se muestra carente de cierta ironía. Eso me recuerda una conversación que mantuve con una chica que conocí en uno de mis viajes sobre por qué todos hacemos las cosas por un fin último, egoísta y auto-satisfactorio. Como podéis comprobar, el mundo sigue repleto de gilipollas optimistas y por eso las tasas de homicidio suben cada año. De hecho, si esto sigue así y me sigo encontrado gente que regala caramelos y corazones, seré yo mismo el que encabezaré la lista nacional. O, por lo menos, lucharé por un respetable quinto puesto.

¿Puedo ayudarle en algo, caballero?-

¿Cómo dice, señorita? Vaya, he terminado en una de esas horribles tiendas donde adquieres un contrato de seguridad y un caballero vela por tu seguridad constantemente y te sigue a todas partes como si fueras el presidente de una de esas horribles películas patriotas estadounidenses. Aunque a mí, personalmente, me inspira más una sensación de cleptómano ex-convicto que la de seguridad y asistencia que pretenden darte. Lo que este caballero ignoraba era mi diestra habilidad de dar esquinazo que he perfeccionado con los años y la cantidad de personas a las que se lo he tenido que aplicar para vivir tranquilo. Aunque, pensándolo fríamente, debería haber obedecido mi primer impulso, haberle dado una soberana patada en las pelotas y haberle preguntado si era él el que necesitaba algo. No he comentado que era una tienda de fragancias y perfumes, ¿Verdad? Pues lo era, para mi desgracia. Es la forma más cara de colocarse que he visto en mi vida. A la gente le saldría más barato mezclar todo el Bourbon que tienen en casa y después chapotear en él para conseguir el efecto de una de esas frescas colonias masculinas de los grandes diseñadores con apellido europeo.

Vaya. Resulta que he terminado hablando de la cantidad de cosas que sigo encontrando irritante en los lugares que visito aún sin haber tenido esa principal intención. Supongo que eso nos da una idea de la medida en que las cosas están funcionando y el mundo se está desarrollando. Pero, por lo que a mí respecta, se puede ir al carajo y acabarse el mundo afuera. Como dije antes, nos encontramos en el apogeo del yomismismo, pero me quedaré con la parte que sólo afecta a mi persona y no a la que discurre en detrimento de quienes pueden llegar a rodearme.

Ahora es cuando recuerdo que una vez fuimos los mejores...

04 octubre 2009

El último hombre sobre la faz de La Tierra.

Buenas noches, criaturas de la noche.

En primer lugar pido disculpas por esta introducción tan Stephenie-Meyeresca ya que creo que con respecto al tema de los vampiros de hoy en día hay dos puntos importantes. Uno: tanto la televisión, como el cine y la literatura están saturados de tanta basura con colmillos, romances entre mortales y no-muertos y demás consoladores de trescientas páginas para pre-adolescentes. De modo que parad de escribir y hacer adaptaciones, por favor. Dos: ocupan un espacio mental en la juventud que bien podría usarse para Charles Bukowski, Franz Kafka o el propio Dante, si me apuráis. Para terminar me gustaría dejar claro a modo de mensaje para los posibles lectores con algún conocido que padezca este trastorno de personalidad y es que, por mucho que uséis atuendos oscuros, maquillaje negro, cadenas y demás bisutería grotesca (atended, que esto es importante) NO SOIS VAMPIROS. Parad con ese culto tan lastimosamente deprimente de etapa de inadaptados pre-adolescentes y preocupaos de salir más, leer más, escuchar mejor música, estudiar y/o buscar un trabajo que os entretenga. Vuestro "yo" futuro lo agradecerá. Y SÍ, es una etapa/moda. Se os pasará.

Comenzando con el tema que principalmente me ocupa la mente estos días, no he podido evitar fijarme en que ya poco me viene sorprendiendo de la gente en general y mucho menos de la que habita en esta bendita ciudad (parafraseando a la gran Mafalda). He caminado entre vosotros y el sentimiento más sincero que me ha venido a la mente ha sido de aburrimiento. Un completo y predecible aburrimiento. He comprobado que esta ciudad, al igual que muchas otras en muchos otros lugares, se está encargando de acabar con el género tanto masculino como femenino y que, para colmo, cuando pedís a gente como yo que seamos sinceros, no os gusta lo que oís y montáis en cólera. Últimamente estoy echando de menos la sencillez y conforme van pasando los años me voy volviendo mucho más simplista en ciertos aspectos. Cada vez pierdo menos tiempo en escoger la ropa, pero no por eso dejo de ir bien vestido. No me paro a mirar cómo tengo el pelo y ya no digamos en usar una plancha, ¡Una plancha!, para hacer lo propio de su función y dejar prensado lo que antes era una cabellera alborotada preciosa. Todo esto me sobrevino cuando me miré al espejo y me di cuenta de que iba disfrazado como un espantajo y estaba colaborando (al igual que todos) en la completa distorsión del referente de hombre, sexualmente hablando. Y cuando digo sexual no me refiero a que deba ir pregonando la virilidad mascando tabaco, rascándome el bulto y carraspeando cada vez que se me viene en gana para esputar en medio de la vía pública. Me refiero a que siento cada vez más predominante esa sensación andrógina que viene acechando en cada esquina desde hace algunos años.


Ahora competimos con las mujeres para ver quién desgasta más el cuarto de baño, cuando creo que sería justo dejarles a ellas ya que nosotros lo abordamos en la adolescencia y pasamos más tiempo ahí que en la propia casa. No veo referentes masculinos en la calle embutidos en esos pitillos tan sumamente incómodos. Sí, lo he dicho y parece mentira que no os deis por aludidos. Son horriblemente incómodos, no consigo rascarme el bulto cuando quiero sin tener que meter la mano como buenamente puedo entre lo que solía ser mi entrepierna y ahora es un miembro prensado. Tampoco consigo sentirme cómodo ya que esa enorme costura intermedia hace de ecuador en mi sello distintivo y dificulta lo que antes era una estupenda y vigorizante erección. Por no mencionar lo estúpido que resulta tener ceñido los pantalones en las piernas y que se te caigan de la cintura para enseñar esa estupenda lencería masculina de diseño que muestras cada maldita vez que se te cae algo al suelo (obviamente porque tienes que bajar de lado para no explotar las costuras de las piernas). Pero por supuesto obviaréis todos estos detalles puesto que hasta que volvamos a los acampanados y los botines (que vamos a volver, ya lo veréis) hay que ir disfrazados como en FAMA.

Pero esto no acaba aquí. Esto se extiende por desgracia al género femenino disimulando así esas estupendas formas curvilíneas que hacían la ropa de mujer, no la de caricatura de la factoría Tim Burton. Si me he cruzado con ciento veinte mujeres hoy, ciento diecisiete vestían como una mesa-camilla o, lo que me gusta denominar, la copa invertida. Dando así el aspecto del sombrero de un cocinero o de un buñuelo completamente ridículo y carnavalesco. Echo de menos las americanas vaqueras con camisetas finas caídas debajo, los vestidos sencillos con botas altas y cinturón ancho, los pantalones que realmente realzaban esa estupenda curvatura que (dios la bendiga) resulta tan sumamente sugerente e incitante. Y en los hombres la cosa es aún peor. Lo primero, porque no sabemos vestirnos, eso es así. Ahora veo a pequeños punk's (entendamos punk como la estética del movimiento radical de los 70) y me estremezco pensando que el péndulo de la moda es cada vez más pervertido y la próxima vez puede que vengan unos vaqueros rotos con tachuelas y estampados de calaveras y estrellas.

No recuerdo el momento en el que la gente perdió el rumbo, no recuerdo el lugar donde todos decidieron comprar la ropa en los mismos sitios, ni recuerdo el momento en el que me desligué de ese camino vedado junto a algún que otro rebelde de la causa. Pero de una cosa estoy seguro: las etapas pasan algún día, vuestros hijos, se reirán de cómo vestíais entonces. Y además con razón, toda la razón. Pero mientras tanto, estaréis colaborando a que yo sea el último hombre sobre la faz de La Tierra.

30 septiembre 2009

El hombre que nunca fue anacrónico.

Buenas noches, Bada-Hell.

Esta noche toca un poco de historia humana universal. Avanzando unos 200 años en la historia nos encontramos en la siguiente situación: somos seres anacrónicos. Nos hemos desarrollado hasta tal punto que nos hemos colapsado. Estamos rodeados de toda esta magnífica tecnología y el mayor empleo que le damos es meramente masturbatorio. No digo que no disfrute de la pornografía adulta, soy un gran fan. Pero esto no es lo que se suponía que iba a ser internet. Se suponía que esto nos llevaría a la libertad de expresión, a un nivel nuevo de información compartida, cultura de libre acceso, la cultura llegaría a pegar en la puerta de nuestras casas. Pero en lugar de eso nos hemos encontrado con que las nuevas tecnologías están acabando con cosas tan simples y básicas, pero no por ello menos relevantes, como el lenguaje. Nadie tiene un segundo que perder y hay que escribirlo todo como si de un mensaje de texto se tratase. "LMFO" esto, "WTF" aquello, "LOL" lo del medio, "XQ" tal, "XRO" lo de más arriba, "XAO" lo de más abajo, KE sí y KE no.

Sí, estoy seguro de que en la mensajería instantánea hay que ahorrar letras, de acuerdo. Y sí, claro que sólo escribís así en ese contexto. Nadie escribe así cartas, ni comentarios, ni e-mails, ni exámenes (¿Acabo de decir exámenes?), ni cosas por el estilo. ¿Nos hemos vuelto tontos o es que de repente somos neandertales contemporáneos? Todos estamos sumidos en una gran ola de euforia tecnológica, gritando como monos, obviando lo analógico de nuestro legado. Sinceramente, cada vez que leo a alguien con según qué faltas de ortografía y abreviaturas muero un poco por dentro y me acerca más a esa sensación de que vamos a desaparecer irremediablemente como cultura y a reaparecer como subculturas: cada uno con su argot particular.

Deberíamos alentar a nuestras futuras generaciones al formato físico de los libros, a la correcta escritura y a la amplia comprensión de vocabulario para que nadie se quede mirándote cual arquetipo de cateto como si fueras un alienígena salido de Vulcano por hablar sin usar "acho surmano", "andevah" o "asín". Es una obligación para con nosotros mismos y para con nuestro futuro. Dentro de poco seremos personas que se dedican a masturbarse frente a la pantalla viendo pornografía infantil mientras escribe WTF en un foro y manda un mensaje de móvil con el pie para que así se asegure de su ilegibilidad. Y los pocos que sintamos un compromiso con la cultura nos convertiremos en seres normales rodeados de simios anacrónicos.

26 septiembre 2009

La generación que abandonaron hace diez años.

Buenas noches, BadaHell.

¡Que arda Woodstock!-Le oí gritar a la figura de lo que parecía ser un hombre de mediana edad sin mucha fortuna o acierto en sus palabras. Pero antes de apresurarme a llevar mi atención de nuevo hacia el Gin-tonic me detuve en lo que previamente había escuchado. Es cierto que ninguno de nosotros estuvo allí 40 años atrás pero, quiero decir, ¿Para tanto fue? Un grupo de despeinados se plantó pidiendo paz, amor y armisticio frente a una nación que dedicaba su mayor esfuerzo en destruir Vietnam a base de jóvenes uniformados de barrios obreros americanos, de acuerdo. ¿Y?. Aunque hay que reconocer que dicho así suena bastante convincente. Quiero decir, que se juntó un grupo bastante numeroso de despeinados y se organizó algo que sacudió al mundo durante décadas e hicieron historia. Vaya, igual sí que deberíamos haber asistido. Fue el primer movimiento de un engranaje que hizo girar el curso de la historia con un rumbo sin precedente alguno en cuanto a impacto social, musical y artístico. Tras eso, vinieron los 70 con el apogeo y consagración de la mayoría de las leyendas de la música ahora conocidos. Dylan sigue publicando por la presión de su séquito de fans, Led Zeppelin publica el Led Zeppelin III donde se encuentra, probablemente, su mejor canción: Since I've Been Loving You, Los Beatles anuncian su separación y sigue una larga lista de etcéteras.En resumen, fue una década tranquilita.

Un momento, un momento. Por aquel entonces también estaba España en el mapa del mundo si no recuerdo mal. ¿Que cojones estábamos haciendo nosotros mientras la revolución musical daba a luz a las mejores décadas de la música? Exacto. Nos desnudábamos en Benidorm y enjuiciaban a los promotores de los anticonceptivos. Pero ¡Hey! Las Wayfarer ya se llevaban. Estábamos en la cúspide del catetismo progreso.
Saltando el charco nuevamente..¡Chorra! ¿Que ha pasado aquí? ¡Habéis digievolucionado, cabrones! Ahora nadie va desnudo, pero van mas despeinados que antes, lo cual hace que estos sea un poco inquietante y mas con esas hombreras tan sumamente cantosas discretas. Aunque esas cazadoras de cuero negras no están nada mal. Los 80, llaman ahora a esta época. Se ve que les gusta el tema de las fechas icono, aunque me huele a reclamo de la Rollin Stone. Etapa dorada para los hijos rebeldes de la música de los 70. Cae el muro de Berlin, se extiende el VIH (SIDA por aquel entonces), se pone en órbita la MIR, ven desbordado su éxito bandas como Aerosmith, Guns N' Roses y un elenco bastante extenso que terminan implantando el Glam-Rock: una tendencia que abarca el cuero ajustado, hombreras y el pelo cardado.
Vale, lo reconozco. Tampoco es una década nada despreciable. Pero aquí también se hicieron eco bandas como los Héroes del Silencio, joder. Por suerte No son los Rolling Stones, pero se convierten en el emblema de nuestra estupenda y nada fracturada nación. Adem...esperad...

Mierda...¿Alguien se ha acordado de decirle al camarero que hace diez minutos que le he pedido otro Gin-tonic? Supongo que es mucho pedir que aparte sus brazos anabolizados de delante de mi cara para que así pueda entenderme y asimilar el pedido con su mermada capacidad de compresión primate.
¡Nadie estuvo alli!, ¡Se lo han perdido todo!- Continua gritando el mismo tipo de hace un rato. Perfecto...Otro discurso ebrio sobre todo lo que nos hemos perdido por no haber visto a los putos Rolling Stones o no haber esnifado buena cocaína escuchando a Iggy Pop o no haber podido comprar el vinilo del puto Abbey Road. Coño, estoy hasta los huevos de los Beatles, de los Rolling, de la hinchada condescendencia de los aletargados supervivientes de una época minada por las ETS, el LSD y el VIH. Pero tiene razón..No nos queda nada a ninguno. No hemos visto ninguna revolución porque ya nos la encontramos hecha, no tenemos ningún referente contemporáneo, nuestra historia esta siendo escrita por su propio nihilismo, nadie nos ha reclamado ni se ha proclamado nuestra luz y guía. Vivimos a la sombra de lo que hicieron los padres de nuestros padres y, paradójicamente, somos huérfanos al mismo tiempo.

Demonios, es verdad. Que arda Woodstock... Joder, ahora seré yo el que le pague la siguiente copa de lo que sea que el cabrón esté tomando. Ya no tengo prisa por volver a casa. Me desato los cordones de los zapatos y los dejo en el bar, camino descalzo lentamente hacia la salida y cruzo la puerta hacia el exterior y alguien me sujeta el brazo con la fuerza adecuada para no ser algo violento. Me dice su nombre y me da un golpe tan fuerte que siento cómo si la nariz se me partiera en 10 trozos.

Se llamaba...

24 septiembre 2009

El romanticismo ha muerto.

Buenas noches, ciudad del insomnio.

Esta noche me redimo a mi mismo por primera vez en mucho tiempo. "Y aquí viene", pensaréis. "Otro texto hinchado y pomposo de lo mal que están las cosas y de lo cargantes y banales que te parecemos". Es cierto, pero me meteré en materia mucho después. Primeramente quisiera hacer hincapié en algo que me ha llamado la atención. Esta tarde estuve paseando por las calles de esta pervertida ciudad que, tristemente, nadie recordará cuando se marche a hacer lo que sea que tenga que hacer y donde Dios quiera que lo haga. Se hace triste volver tras mucho tiempo y darte cuenta de que la ciudad entera esta cambiando; las calles, los edificios, los parques y solo hay algo que me parece verdaderamente tan decepcionante como el paso del vinilo al formato CD: que todo el mundo siga igual aunque difiera en apariencia. Somos como esos hijos bastardos que siempre tienen algo sobre lo que quejarse incondicionalmente y que luego no agradecen lo mucho que hemos aprendido. Supongo que se debe a que tenemos bien aprendida esa lección innatamente común de no evolucionar tanto a nivel personal como social.

[Perdonad un segundo, pero he de hacer una pequeña parada para servirme otra taza de café.]

Retomando el hilo, tendría que agradecer a toda la gente con la que me he cruzado en mi vuelta por haberme ayudado a sentirme un completo extranjero en el que solía ser mi hogar. Todas son caras familiares que no terminan de recordarte a nadie porque has pasado demasiado tiempo alejado de los eventos sociales. Ahora la gente se viste como creen que quieren y se peinan como creen que quieren peinarse. -¡Aleluya!- Se oye por el fondo del pasillo. Bueno, si soy sincero (y es evidente que esperáis que lo sea. De otra forma no estaríais leyendo estas frases mal tiradas) tengo que decir que la gente ahora no se viste, se camufla. Porque ahora pueden imitarse unos a otros y nadie les va a mirar como si acabaran de venir del espacio exterior. Que nadie mire para otro lado, ¿Eh? No hace mucho que he visto como miraban a un chico con pitillos amarillos y una camiseta morada meses antes de verano y las cabezas se giraban y las miradas le seguían hasta perderle de vista. Pero ahora resulta que siempre nos ha encantado el pop-retro, retro-pop-glam, rock-indie-grunge or whatever the fuck his name is. Está por todas partes; todo lleno de prostitutas deseando agarrarse a una buena tendencia grande y dura y chupar y chupar hasta que la dejan tan seca que ni un jodido taxidermista podría usarla para hacer un puto llavero. Y que luego digan que el romanticismo ha muerto...

Este es mi consejo: salid a la puta calle en pelotas. A nadie le va a importar una mierda en tres meses porque seguro que se convierte en tendencia y todos bailan con el rabo colgando entre las piernas. Lo cual seguramente hará que todos jodan con todos y se acaben los problemas en el mundo. O por lo menos (y dios lo quiera así) en esta bendita ciudad tomada por unos fanáticos del fenómeno "Milli Vanilli". Por cierto, no os desagáis de los botines. Van a volver pronto, lo auguro.