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El hombre del sur que bajó la luz by Francisco Lara Sánchez is licensed under a Creative Commons Attribution-NoDerivs 3.0 Unported License.

30 julio 2011

Bosquejos y resquicios IX: Sin cuarto y dos versos.

Decía el periódico que Europa estalla mañana,
que la gente ya no escribe,
que la mala suerte no reparte,
que los amores ahora se mandan.

Que el hombre muere en la radio a menudo,
que venimos de un mundo lejano,
que este año se nos termina el verano,
que el que no habla ya no se queda mudo.

Pero no encontré la esquela que me dijiste.
La del pájaro que crece, la del álamo que nace
bajo la farola donde me quisiste.

La de las letras borrosas del camino de baldosas.
Donde nadie viene a rezarme,
donde nadie busca perderse.

También decía el diario que hoy entra el otoño,
que las madres no lloran la tierra,
que los hijos no vuelven de la guerra
y que los fieles ya no buscan testimonio.

Pero no encontré entre las hojas mi fotografía.
Ni una fe de erratas, ni dos versos y cuarto.
Ni mis cromos ni mi Elizabeth ni mi cartera vacía.

29 julio 2011

Bosquejos y resquicios VIII: Brindar por lo perdido.

Cuando vuelvan a casa cualquiera de estos días
que sepan que estuve esperando
hasta ver si alguna de mis notas ardía.

Que uno, cuando está solo, busca refugio en compañeras de oficio.
En el peor de los momentos
y siempre de pie, junto al precipicio.

Pero no estén tristes, que a mí las reuniones grises nunca me gustaron.
Que pondré tierra de por medio cuando vea la piedra del desamparo.
Quién quiere regatearle unos pocos años a esa, La Caperucita Mala,
para devolverle con creces lo poco que después nos dejaba.

Y cuando vuelva a mi casa cualquiera de estos días
tendré un siete de copas, un solo de violín,
un retablo, una cama vacía.

Que uno ya se repite de tanto ayer, de tanto hoy y de tanto vivido.
Cuando nadie nos escuche
brindaremos por todo lo perdido.

Pero no estén tristes, que a mí las reuniones grises nunca me gustaron.
Que pondré tierra de por medio cuando vea la piedra del desamparo.
Quién quiere regatearle unos pocos años a esa, La Caperucita Mala,
para devolverle con creces lo poco que después nos dejaba.

19 junio 2011

Bosquejos y resquicios VII: La vigésima calle del cuarto poniente.

La vigésima calle del cuarto poniente,
donde dejamos a medias la vida.
Donde pasas algunas veces,
cuando nada te sorprende
y te das cuenta de que nadie mira.

La vigésima calle del cuarto poniente,
la de los arbustos gastados.
Dos farolas alumbran siempre,
a media luz para esconderte
de la luz del desamparo. 

La vigésima calle del cuarto poniente,
ahora peinando canas contigo.
Un lienzo, un dibujo, mirarte diez veces,
como aquel que cree que merece
las llaves cielo un domingo.

La vigésima calle del cuarto poniente
sin baldosas, sin luces, sin catorce de febrero.
Sin caer en la cuenta de ir a verte,
con camisa, con canas, con viento de levante.
Alguien que deja en tu ventana un sombrero.

23 noviembre 2010

Bosquejos y resquicios VI: Yo te cambio...

No, nadie te vio llegar
y estabas mas hermosa que la luna.
No miraron si eras mayor de edad
porque usaste de tu hermana las agujas
y pasaste la frontera de las dudas.

No tardaste en encontrar,
no quedaba tiempo para la palabra.
Encendida con la llama de la edad
con la risa intransigente tatuada
y bailaste sobre la soledad.

Y otra vez te volvieron a dar
las tardías y prontas horas tempranas
donde vienes cada noche a intercambiar
el hogar por la marchita madrugada.

Que no pare la canción y la trompeta
y los pájaros callen por la madrugada.
Enamórate deprisa de quien tu quieras
y deprisa que la noche siempre acaba
por desenamorar.

...Y si ves que la noche ya clarea
no seas mala y deja de jugar
donde el corazón es siempre una pieza
donde algunos no volveremos a mirar...

Yo te cambio, muchacha de enredadera,
de finura tan alta como espigas,
la madrugada que tanto te despierta
por tu parque, tu clase y tus mejillas.

10 noviembre 2010

Bosquejos y resquicios V: Dedicatoria.

A mi esposa Julieta que me hizo creer en los bares.
La canción en la calle trasera de Marqués de Milán.
Una carta escrita sin ganas que queda hecha a medias.
El suicida que lucha por vivir una semana más.

Bosquejos y resquicios IV: Días de clases y rosas.

Pido permiso esta noche
para poner en broche lo que quise en boca.
Que te dije entonces nada y nada me traje
y ahora me pongo el traje para no perder la poca.

Vi oscurecer el día entonces
donde hoy mueren los letrados,
donde yo ahora pago ginebra y donde
ando de noche y mal acompañado.

Y qué guapos fuimos entonces,
no se ponía el sol, les mecía el viento.
Que alguien cierre la puerta, que eche la llave,
que parezca que no pase el tiempo.

Pero las puertas se abren,
los libros se cambian por nuevos.
Ya no miras la hora ni las dos de la tarde
ahora nos queda no ver pasar el tiempo.

Que si entonces lo quise -por más que pedí-
ahora, de noche, no lo quiero.
Que venga y se plante, que me haga el desplante
y que me haga decir lo que ahora no puedo.

Y si alguien dice verla entre bares
si alguien dice verla de nuevo,
no le digáis que aún pido rescate,
no le digáis que aún la recuerdo.

22 octubre 2010

Bosquejos y resquicios III: El muchacho que no consiguió cambiar el mundo.

Resulta que hubo una vez un muchacho valiente
que cruzó doce mares y luchó en quince guerras.
No tenía rival en planetas, cielos o mares
y hace años emprendió un viaje hacia nuevas tierras.


Sin espadas, sin naves, sin monstruos, soldados y arena.
Sin la selva de hierba que guardaba en su jardín.
Sin olivos sobre los que hacer un fuerte de madera.
Sin las tardes viendo al sol acostarse sobre un mar de adoquín.


A los trece quería crecer y peinarse la barba.
A los veinte se petrificó viendo el tiempo pasar.
Lo que traiga consigo la suerte será para otros.
Lo que quede después de nosotros no nos servirá.


Sin historias con grandes guerreros y bellas doncellas.
Sin la hoguera que hizo verano aquellos inviernos.
Sin mis gatos, mi cama, mi casa, mi rincón de galeras.
Sin la esperanza de que podamos volver a vernos.


Decían que vieron a alguien que se le parece
vendiendo en la calle su espada y jubón.
¡Se lo lleven! ¡No juego! Que nadie recuerde
que una vez tuve un sueño y desapareció.


Sin floretes, sin capas, sin sus pistolas.
Sin su risa de escudo, sin barco de papel.
Hace tiempo un muchacho quiso cambiar el mundo
y fue el mundo el que lo vio perecer.

Bosquejos y resquicios II: Que no vuelvan a verte.

Si una noche despiertas a las tres de la mañana
y crees que por azar falto de tu lado,
no corras hacia a la ventana.
No esperes audiencia en tu drama,
la canción ya la han escuchado
y tu baile no lleva a la cama.

Que me dé tiempo, que tenga mucha suerte.
Que no llegues a la puerta, que tengas que volverte.
Que se pierdan en la lluvia tus ganas de comerme.
Que no te diga nadie que volvieron a verme.

Te sobraba gente para derrochar como ninguna.
Te faltaban hombres para entrar y salir.
Tenías más boca, más ganas, más temas, menos clausura.
No quisiste dejarlo en París
y ahora vives a oscuras.

Que te deje de lado la noche si me lo consiente.
Que los años no pasen despacio y no sepas qué ponerte.
Que te traten tranquila, menuda y modestamente.
Que no me diga nadie que volvieron a verte.

20 octubre 2010

Bosquejos y resquicios: Esta noche no vuelvo.

Que de tanto salir
que de tanto entrar.
De tanto así, así
de tanto ver y callar.

Qué tanto cuesta pedir
que ninguno consigue dar.
Cuando vienen todos a comer
y sólo se quedan a joder
para ponerte bien a parir
y la viga en el propio evitar.

Que de tanto no me sobro
que de poco no me quejo.
Que si vienen corriendo a casa
-sabiendo quién se pasa-
sabré si tengo que salir corriendo.

Que ya no quiero librar batallas
que los quebrantos siempre me llevo.
Y si me piden las cuentas claras
que se aclaren ¡Coño! primero.

Que uno se cansa de todo:
de las pomposas puestas de largo,
de las cortas de grandes pechos,
de las noches de regazo
y el buen vicio del adulterio.

De los unos y de los otros,
de los otros y de los "aquellos".
De todo se cansa uno
menos de decir "¡Niño! Ponme otro.
Que lo mismo, esta noche, no vuelvo.

26 agosto 2010

There's No Way back home

He despertado en un lugar que no era mi casa. Las paredes estaban agrietadas, el suelo era frío como un cadáver, la luz escasa y el aire que se respiraba no albergaba mucha más vida que la que yacía desvaneciéndose en mi interior.

Si ahora tuviese que pensar en un lugar que me pudiese transmitir algo de paz creo que me quedaría en la vigilia; ese lugar entre el sueño y la realidad, ese escalón que cruzamos cada noche antes de dormir, por tanto tiempo que perdería lo poco que me queda de cordura para convertirme en la sombra de lo que fui antaño, si es que no lo soy ya. Puede que ni incluso así pudiera conciliar un sueño tranquilo.

Una vez oí que a medida que los años nos van sucediendo, los días se hacen cada vez más cortos y las horas pasan cada vez más deprisa y cuando quieres darte cuenta has dejado atrás los mejores momentos de tu vida por intentar aferrarte demasiado a otros que no tenían más propósito que el de un placebo pasajero.

Quizás sea de lo que va todo esto, de encontrar un hogar antes de que la aguja del reloj llegue al último número que nos quede y la brecha termine haciéndose enorme. Quizás sea eso a lo que se refieren las señales del camino, las señales que constantemente dejamos pasar o ignoramos por razones que no podemos explicar.

O quizás nos estemos muriendo lentamente en cada esquina. Puede que estuviéramos destinados a morir desde un principio y únicamente hubiéramos podido ser felices siendo no-natos. Desde el momento en que hemos abierto los ojos a este desorden catastrófico avocado al fracaso que algunos llaman mundo no hemos tenido otro propósito que el de morir lenta y postergadamente haciéndolo lo más silenciosamente posible y solo un cínico idealista podría decir lo contrario.

Pero aquí estamos. ¿Que si alguien puede encontrar su verdadero camino? Creo que hacemos lo que podemos. Unos intentarán luchar y decirse a sí mismos lo justificadas que están sus causas para poder conciliar el sueño y otros, sin embargo, se limitarán a aceptar la verdad y morir un poco más por dentro con cada atardecer.

03 junio 2010

Esta no es mi estación

Ya lo decía Mafalda, sabia donde las haya, "Que paren el mundo, que yo me bajo".

Recuerdo cómo hace unos años venía hacia mí ese sonido que te recuerda a una canción ya escuchada pero que no consigues poner en contexto. Sentías algo extraño en el ambiente que los demás podían o no percibir de la misma forma y, parafraseando a un amigo, haciendo apología de esa "verdad indivisible" de la que alardeaban estar en posesión.

Cuando ya pude despejar esa bruma me encontré con el resultado de ese ir y venir de sitios y gentes, situaciones e historias y me di cuenta de que había algo en el mundo que hacía tiempo había dejado de funcionar. Algo no iba como debería. Había algo que estaba realmente mal.

Dos semanas más tarde cumplí dieciséis años

Cuando fue pasando el tiempo comencé a tener conversaciones no gente que debería ser más sabia que yo al tener mayor rango de edad, pero no supieron darme respuestas a las simples preguntas que les planteaba por entonces. Se dedicaban a la felación recíproca y reflexiva para con sus compañeros sobre esas ideas y esos motivos que ellos tienen y nadie entiende por no ser suficientemente inteligentes para acceder. Bueno, puede que así fuese.

Pronto me vi en posesión de algunos años más y las preguntas se habían convertido en cuestiones, es decir, la consecuencia de cuestionar. Ya no me preguntaba según qué cosas, sino que más bien me cuestionaba el por qué de todo eso que parecía chirriar como rastrillo oxidado por la carrocería de una camioneta. Ahora no preguntaba, ahora exigía respuestas!

¿Y sabes qué encontré? A esos sabios y sabias encanecidos y absortos en sus pensamientos. Ya no hablaban sobre nada ni trataban de solucionar o cuestionar ningún tema en absoluto. Tas tanto tiempo hinchando su ego a base del crédito de los ignorantes había llegado el punto en el que ya no admitían más y, como todo gran imperio, se desmoronaron.

Tiempo después y al ver que nadie se planteaba y todos pretendían llevar su propia vendetta personal contra todo me desentendí. Ya no quería ni sabios ni respuestas. Vi la verdadera naturaleza del hombre, vi la verdadera naturaleza del mundo en el que vivimos y que tratamos de cambiar como ese marido que maltrató una vez a su esposa.

Y cuando conseguí ver de verdad esa naturaleza ya nadie me quería mirar a la cara. Nadie quería verse reflejado ni conocer lo que realmente tenían dentro y sobre lo que habían edificado con elaboradas falacias y un ego prestado de alguna influencia pop-modernista.

Y habrá quien como yo en aquel entonces se pregunte qué funciona tan mal en este mundo. Me reservo el derecho de esa respuesta ya que cada uno debe conocer su propósito y encontrar la suya propia.

Pero si de verdad alguien ha encontrado un sótano en el que esconderse y donde tiene las pocas cosas que realmente importan al final del día, esa persona será la privilegiada. Pues esa será la respuesta a su pregunta.

24 abril 2010

La ignorancia no es la felicidad.

Buenas noches, Bada-Hell.

Hoy me ha sucedido algo curioso: navegando por una de las redes sociales más de moda del momento (y quizá la más de moda, de hecho) me topé con un grupo donde la gente se pone de acuerdo en que hoy en día faltan modales y nadie se refiere a prácticamente nadie con el debido respeto. Pues bien, no hago más que posar mi mirada en las aparentes similitudes de los comentarios de los usuarios cuando me doy cuenta de que el artífice del grupo ha pasado por una situacion traumática y, en consecuencia, ha recibido un aluvión de comentarios de ánimo, apoyo, solidaridad y demás propaganda de secta.

"A esto hemos llegado" es lo primero que ha cruzado mi mente. ¿Realmente necesita una persona mensajes de apoyo de gente a la que no verá en su vida simplemente para que se le haga más llevadero el trauma por el que ha pasado? ¿O símplemente necesita llamar la atención para sentirse querido y poder captar la atención de los ineptos internautas que rondan por legión en este vasto terreno de la comunicación?. Antes de juzgarme esperad a leer todo el artículo.

Algunos comentarios de apoyo eran bastante decentes, pero la gente es que no tiene medida para estas cosas y se podían leer cosas como "Cuando todo mi día ha sido una basura y tengo ganas de llorar sólo tengo que venir a leer estos mensajes de apoyo y me hacen sonreir". Hasta donde yo sé, la condolencia y la empatía tienen un grado, pero esto rayaba el recochineo. Había otros que, por otra parte, le encomendaban a las deidades cristianas con frases como "Entiendo perfectamente por lo que estás pasando (mis dudas al respecto, francamente) y sólo te voy a pedir un favor. Ten fé y...blablabla basura cristiana". ¿Realmente son necesarios esta clase de comentarios? Entiendo que la gente se solidarice hasta cierto punto, pero estos mensajes tan "extrema unción" creo que están de más y mucho más si es hacia una persona que, para empezar, expone un trauma en un grupo donde se puede unir cualquiera y se sume a la causa de leer su pena y su calvario y le chupe la poya como el incontable número de borregos que le precedieron.

Puede que el encargado del grupo venga mañana y diga "Pues lo cierto es que era todo mentira" y todos se quedarán con cara de idiotas y le tacharán de ser lo peor del mundo por jugar con las ilusiones y demás atributos de la gente. Si en esta tesitura nos ponemos, él también les podría decir que no les coaccionó para ponerse en ese plan de campaña de salvación, ya que ninguno de ellos se esmeró en averguar nada. simplemente acataron dogmáticamente lo que un extraño escribió con mayor o menor verosimilitud. Les estaría bien empleado, por zoquetes.

Lo cierto es que llegué a plantearme mediar en este asunto y contestar a algún que otro usuario si no le daba vergüenza escribir según qué cosas y al dueño del grupo preguntarle si con cada comentario su verga crece más para equipararse a su ego.

Aunque me contuve...

Con esta clase de gente hay que tener mucho cuidado, y me refiero a esos fanáticos (por su devoción) defensores de causas justas y nobles (según su propio criterio) que no admiten ninguna opinión que les haga replantearse cualesquiera que sean sus ideas y/o principios.

26 febrero 2010

Si tengo que pisar cristales que sean de bohemia.

Se extrañan los tiempos de Las Alas de la Mariposa donde todo era un huracán de sensaciones entreverado de misantropía y musas. Curarse de las heridas conlleva a curarse del dolor y, sin dolor, no puedes quejarte. Quizá sea por la edad, puede que la consecuencia, es posible que la experiencia o a lo mejor por la piel curtida de estos años que han pasado deliberadamente a propósito. El principio pudo ser variado, pero el final ha terminado siendo el mismo y al final todo se limita a un tópico en gran medida.

-"El tiempo lo cura todo".

Eso decía mi abuela, mujer sabia y erudita de la vida donde las halla, pero el tiempo no lo cura todo pues no es ningún doctor. La memoria no sana y algunas heridas no se olvidan; algunas que nos hicieron, otras que hicimos y algunas que provocamos; pero todas las hemos merecido. Es así, estamos expuestos a la constante crítica de todo lo que nos rodea y, de la misma manera, nosotros criticamos en consecuencia. Es un principio básico de la ciencia: Causalidad (Causa y efecto) y ninguno está exento de ella, porque, como dijo aquel instruido hombre de traje y corbata, el desconocimiento de esta norma no te exime de su cumplimiento. Al final terminaremos siendo un producto consecuente a la repercusión, tanto kármica como física, de toda una vida. Así que, si tenemos que esperar a ese final inevitable, será mejor que lo hagamos tomando bueno vino y fumando buen tabaco. Porque ese final nos llegará a todos por muy optimistas y altruistas que hallamos querido ser y nos convertiremos en algo que nunca habíamos planeado ser.

22 enero 2010

Cuando fuimos los mejores...

No recuerdo cuál fue la última vez que me caminé por la ciudad en su etapa nocturna con sus farolas encendidas, pero, desde luego, hace una eternidad de ello y por fin, tras mis viajes, he podido poner casa en tierras conocidas y eso, en estos días, es algo bastante difícil de conseguir. Parece que esta ciudad es cada vez más perezosa para los cambios. Tanto para mejor como para peor. Pero hoy no será una de esas noches donde le muestro a todo el mundo la basura en la que pisan constantemente, ni será una de mis vendettas personales con el resto de la humanidad.
Durante todo este tiempo he visto cosas pequeñas que han cobrado mucha más relevancia que cualquier esperpento social palpable por la calle. He conseguido valorar los pequeños logros que se marca cada uno, individualmente y las hazañas del día a día. Nos encontramos en medio de una guerra en el auge del "Yomismismo" y la gente ya no invierte tiempo en lo que se sale del borde de su propio espejo. Cada vez son menos las historias que encuentro y más los personajes que quieren interpretarlas, más los momentos de "recuerdo aquella vez..." o "cuando éramos más jóvenes..." y cada vez son más escasas las ocasiones de marcar una diferencia anacrónica con respecto al tiempo que nos ha tocado vivir. Ahora ya no se piensa con claridad y todo está lleno de un gran y hermoso "nada". No encuentro gente auténtica a donde quiera que voy y los que terminan compartiendo espacio finalizan en una constante competición por ver quién pisa a quién y, como adivinaréis, es de lo que trata todo esto.

-¡La respuesta está ahí fuera!-

Leía en un gran póster en una pared deteriorada a la par que me planteaba el por qué de mi parsimonia extrañamente adquirida e inusual en mí. Pero con todo ello no escuché más que los pedazos de frases llenos de mierda de la gente que iba teniendo cerca paso arriba y paso abajo. Ahí fue cuando tiré el estupendo aperitivo que acompañaba mi marcha. Supongo que, con eso, Cosmopólitan había ganado esa batalla y podría entrar en el bañador que lance algún diseñador de cara al próximo verano. Incluso así intenté no lanzarlo al mar y comérmelo. Me gusta pensar que puedo joder a alguien a kilómetros de distancia y que no sepa de mi existencia. Como una especie de justiciero anónimo. De modo que encaminé mi marcha y me paré a observar a una joven inusualmente pálida que miraba con asombro el escaparate de una tienda de cosméticos y moda o lo que ellos llaman moda. La niña, que a pesar de no haber desarrollado pecho todavía se podría considerar atractiva, ya iba de la mano de un chico que podría ser dos años menor que yo y tres mayor que ella, se encontraba atónita por el increíble modelado, bronceado y corpulencia de las chicas que anunciaban el sueño de cualquiera con una moral baja y poco aprecio a sí mismo. ¿Es eso lo que hemos aprendido a inculcar a nuestros hijos? Probablemente se deba a una falta total de educación por parte de sus progenitores, pero debo confesar que siento cierto pellizco moral por haber colaborado de alguna forma a esa erosión del "ego" (entiéndase como "yo"). En cualquier caso era una auténtica locura y no pude hacer más que seguir mi camino, pues creo que había descuento en magdalenas de chocolate justo delante de esa tienda.

Forever young. I wanna be forever young. 
Do you really wanna live forever, forever...?

Sonaba en mi cabeza como si me lo estamparan en la cara con un mazo de cincuenta kilos. No, supongo que ninguno de nosotros seremos enterrados por nuestros tataranietos, pero ¿Quién querría llegar a eso?. El día en que sean mis hijos los que me cambien a mí los pañales, por favor, acabad con lo poco que me quede de dignidad y pegadme un tiro en medio del campo. Es absurdo ponerse cabezotas en este punto de la historia, pero nadie quiere ser olvidado y todos queremos aportar algo mientras estamos vivos para que nos honren incluso tras nuestra muerte. Ya veis, somos unos egoístas incluso estando muertos. El destino, al parecer, no se muestra carente de cierta ironía. Eso me recuerda una conversación que mantuve con una chica que conocí en uno de mis viajes sobre por qué todos hacemos las cosas por un fin último, egoísta y auto-satisfactorio. Como podéis comprobar, el mundo sigue repleto de gilipollas optimistas y por eso las tasas de homicidio suben cada año. De hecho, si esto sigue así y me sigo encontrado gente que regala caramelos y corazones, seré yo mismo el que encabezaré la lista nacional. O, por lo menos, lucharé por un respetable quinto puesto.

¿Puedo ayudarle en algo, caballero?-

¿Cómo dice, señorita? Vaya, he terminado en una de esas horribles tiendas donde adquieres un contrato de seguridad y un caballero vela por tu seguridad constantemente y te sigue a todas partes como si fueras el presidente de una de esas horribles películas patriotas estadounidenses. Aunque a mí, personalmente, me inspira más una sensación de cleptómano ex-convicto que la de seguridad y asistencia que pretenden darte. Lo que este caballero ignoraba era mi diestra habilidad de dar esquinazo que he perfeccionado con los años y la cantidad de personas a las que se lo he tenido que aplicar para vivir tranquilo. Aunque, pensándolo fríamente, debería haber obedecido mi primer impulso, haberle dado una soberana patada en las pelotas y haberle preguntado si era él el que necesitaba algo. No he comentado que era una tienda de fragancias y perfumes, ¿Verdad? Pues lo era, para mi desgracia. Es la forma más cara de colocarse que he visto en mi vida. A la gente le saldría más barato mezclar todo el Bourbon que tienen en casa y después chapotear en él para conseguir el efecto de una de esas frescas colonias masculinas de los grandes diseñadores con apellido europeo.

Vaya. Resulta que he terminado hablando de la cantidad de cosas que sigo encontrando irritante en los lugares que visito aún sin haber tenido esa principal intención. Supongo que eso nos da una idea de la medida en que las cosas están funcionando y el mundo se está desarrollando. Pero, por lo que a mí respecta, se puede ir al carajo y acabarse el mundo afuera. Como dije antes, nos encontramos en el apogeo del yomismismo, pero me quedaré con la parte que sólo afecta a mi persona y no a la que discurre en detrimento de quienes pueden llegar a rodearme.

Ahora es cuando recuerdo que una vez fuimos los mejores...